domingo, 19 de mayo de 2013

TARTA DE CHOCOLATE SIN GLUTEN

La mayoría de los alimentos que se presentan en un cumpleaños, por su contenido en gluten (harinas), están contraindicados para los niños celíacos y se ven en la necesidad y la obligación de hacer grandes esfuerzos por mantenerse alejados de los alimentos potencialmente peligrosos. 
Preparar una fiesta de cumpleaños con recetas típicas adaptadas con alimentos sin gluten resulta necesario cuando el niñ@ intolerante es el protagonista de la fiesta.
Por eso hoy traemos una tarta de cumpleaños adecuada para dicha ocasión y ademas de irresistible chocolate.
 
 
Ingredientes:
 
Una tableta de chocolate para fundir
Una tableta de chocolate con leche
Un litro de nata de repostería
Dos sobres de preparado para flan
50 gramos de harina de almendras (molida)

Preparación:
 
Bizcocho
Dos huevos
60 gramos de harina de repostería
60 gramos de azúcar
Separar las yemas de las claras. 
Batir las yemas con el azúcar. 
Añadir la harina tamizada. 
Batir las claras a punto de nieve y unir la mezcla anterior con movimientos envolventes.
Engrasar y enharinar un molde y añadir la mezcla.
Precalentar el horno a 150º y lo horneamos unos 10-15 minutos.
 
La tarta
 
Derretimos el chocolate al baño maría o en el microondas. 
Calentar el chocolate y la nata y cuando empiece a hervir, echamos el preparado del sobre de flan y las almendras molidas, y removemos a fuego suave durante 3 minutos.
(opcional) laminar el bizcocho para rellenar de la mezcla.
Volcamos la mezcla sobre el bizcocho que tenemos preparado y dejamos cuajar.

Esperamos que os guste. 

Más inspiración para fiestas en   www.lavidaenrosapastel.com

viernes, 17 de mayo de 2013

Shhhhhhhh...

  Ya Freud hizo notorio hace mucho tiempo de la importancia que los silencios, entendidos como la ausencia de palabras durante una conversación, tenían durante las sesiones de terapia. En la actualidad, cualquier terapeuta presta tanta atención a las palabras dichas como a las que se tapan: los silencios y las omisiones, mediados por el lenguaje no verbal, ofrecen muchos matices a los que no podríamos acceder sólo con el lenguaje oral. 

  En la vida cotidiana lo que  no decimos tiene la misma importancia, sólo que es raro tenerlo en cuenta. Hay momentos muy claros: ¿quién no se ha enfrentado al mutismo hiriente de alguna persona cercana “a la que no le pasa nada” pero no nos habla? Sabemos que algo pasa, sabemos que probablemente quiere  contar algo que se ha quedado atascado por diversos motivos, pero cuesta mucho tener acceso a ello. Es un mecanismo tan sutil, tan inaccesible que muchas discusiones comienzan por el famoso: “estás muy callada/o ¿te pasa algo?

  Si esto supone un problema, es casi más preocupante el estimar que la verdad es siempre lo que se verbaliza, y no dar importancia a las cosas que no se dicen. Sin embargo, nuestros esquemas mentales están preparados para dar crédito absoluto a los declarativos de terceros y a no ser que se haga un esfuerzo intenso explícito, lo omitido no tiene importancia. 

   Las madres, los padres,  suelen tomarse muchas molestias en conseguir establecer una buena comunicación con los hijos: les hablan, les cuentan cuentos, les preguntan qué tal en el cole, o con los abuelos, o si se lo han pasado bien en el cumpleaños… todo esto es fantástico. Incluso desde hace unos años a esta parte se está tomando conciencia de la mucha importancia que tiene la comunicación temprana y cada vez más padres se deciden a hacer cursos de comunicación en lengua de signos para poder adecuar sus respuestas a los requerimientos de los niños desde que son pequeños. Insisto, todo esto redunda en la fluidez de las relaciones siempre que no se nos olvide la importancia de lo que no se cuenta.
  Y es que seguro que muchos han sentido cierta sensación de temor cuando, por ejemplo, un amiguito del hijo cuenta lo bien que se lo han pasado en una fiesta especial en el cole en la que hicieron algo distinto, por ejemplo. Y las dudas asaltan ¿por qué no me ha contado nada?¿habrá pasado algo? ¿qué le preocupa, por qué no confía en mi?

  Es una sensación displacentera, pero si somos capaces de darnos cuenta de que las cosas más importantes de nuestra vida tampoco nosotras solemos verbalizarlas, podremos relajarnos y apreciar los matices en las distintas situaciones.Las cosas que se nos quedan grabadas no suelen ser explícitas: son ejemplos y actitudes que van más allá de las palabras. Cómo reaccionamos, cuándo acariciamos, cómo sostenemos o simplemente cómo estamos disponibles son formas de comunicación muy potentes a las que normalmente no prestamos atención. 
 
Cuando creías que no te veía… te vi poner mi primer dibujo en la puerta de la nevera y corrí a hacer otro.
Cuando creías que no te veía… te vi poner alimento en el platito del gato y aprendí que es bueno cuidar de los animales.
Cuando creías que no te veía… vi lágrimas salir de tus ojos y aprendí que algunas veces las cosas duelen, pero está bien llorar.
Cuando creías que no te veía… te vi hacer mi postre favorito y aprendí que las cosas pequeñas son las que hacen la vida especial.
Cuando creías que no te veía… te sentí darme un beso de buenas noches y me sentí amado y protegido.
Cuando creías que no te veía… Te vi dar tu tiempo y dinero para ayudar a gente que no tenía nada y aprendí que los que tienen deben ayudar a los que no tienen.
Cuando creías que no te veía… te vi cuidar de la casa y de nosotros y aprendí que debemos cuidar de lo que nos ha sido dado.
Cuando creías  que no te veía, te escuche decir una oración, y sentí que existe un Dios al que siempre le podré hablar.
“Gracias: mamá, papá, hermano, hermana, amigos, abuelos,  etc…
por todas las cosas que aprendí cuando creías que no te veía”
Autor Desconocido

  María Montessori también reconoció la importancia del silencio; junto con la concentración y el orden los considera básicos para lograr la autodisciplina y el autocontrol necesarios para llegar a ser adultos pacíficos y completos.

Hagamos en silencio, transmitamos amor en silencio y atrevámonos a intuir en silencio… ¿notamos algún cambio?

Beatriz Coronas, psicóloga. 

lunes, 13 de mayo de 2013

COMUNICACIÓN CON BEBÉS


Signo cuento
 
¿Alguna vez tras escuchar el llanto continuado de tu bebé has deseado tener a mano una lámpara mágica? Si, esa que te estás imaginando que la frotas y aparece un genio dispuesto a concederte tres deseos! Si uno de tus deseos fuera que tu bebé pudiera “hablar” para decirte lo que le pasa estás de enhorabuena porque puedo concedértelo! 

Creo que todos los padres, sobre todo los primerizos, hemos vivido alguna situación de este tipo. Puede que dure sólo unos minutos pero a nosotros se nos hace eterno ver que no logramos calmar el llanto y nos empezamos a poner nerviosos deseando poder entender a nuestro bebé. 

Solemos chequear si tiene el pañal húmedo, hambre, sueño, calor frío, fiebre, dolor de dientes, oídos.. etc.  Muchas veces a nuestros bebés no les pasa nada, simplemente les apetece jugar, salir a la calle o ver a ese perrito que está siempre en el parque.

Y es que los bebés nacen  con el dedeo de comunicarse, claro, la comunicación es la base de la supervivencia, todos hemos oído alguna vez la frase de “quien no llora no mama” verdad? Utilizan todas las herramientas a su alcance: sonrisas, llantos, gorjeos, pero necesitan entre uno y dos años para poder expresarse con palabras. 

Mientras llega ese momento podemos enseñarle otra forma de comunicarse sencilla y entrañable que nos llenará de alegrías: los signos para bebés o Baby Signs.
 
Puede que nunca hayas oído hablar de esto, pero no es un nuevo descubrimiento ni una moda reciente, su origen es de EEUU en la década de los 80, pero como otras cosas tarda en llegar! 

Los Baby Signs son una herramienta para facilitar la comunicación con bebés y niños a través de gestos sencillos que pueden hacer con sus manitas, basados en le lengua de signos de la comunidad no oyente. Pueden enseñarse desde que comienza el desarrollo de las habilidades motoras finas, aproximadamente a partir de los 6 meses, sirviendo como puente de comunicación hasta el aprendizaje del habla.

Todos nosotros solemos usar ciertos signos en nuestra vida cotidiana, es muy común agitar la mano para decir “hola” o “adiós”, colocar el dedo índice sobre los labios para pedir silencio o señalar el reloj para comunicar que ha llegado la hora.

Los niños hacen gestos de forma innata: levantan sus bracitos cuando quieren que les cojamos pidiendo “aupa”, señalan objetos que quieren para que se los demos, y cuando les enseñamos dicen adiós con su manita o tiran besitos para despedirse. Este lenguaje gestual se desarrolla dentro del proceso de adquisición de la comunicación, y se mantiene durante todo el ciclo vital.

Los Baby Signs surgieron en Estados Unidos hace una treintena gracias al trabajo del Dr. Joseph García y las profesoras Linda Acredolo y Susan Goodwyn.

El Dr. García, especialista en Desarrollo Infantil, observó que los bebés de padres no oyentes podían comunicarse más fácilmente que los bebés de padres oyentes. De hecho, alrededor de los nueve meses, estos bebés ya eran usuarios avanzados de la lengua de signos entendiendo y comunicando hasta 75 conceptos diferentes!! ¿Cuántas palabras balbucean los bebés esta edad? 1, 2..

Joseph García, fascinado ante este descubrimiento y aprovechando su propia experiencia como padre,  basó su tesis doctoral en demostrar que es posible enseñar la lengua de signos a bebés oyentes y aprovechar los beneficios de esta comunicación temprana. Linda Acredolo y Susan Goodwyn, de la Universidad de California, recibieron varias becas de investigación durante las décadas de los 80 y 90 y escribieron también su famoso Best-Seller en 1996: Baby Signs, How to talk with your baby before your baby can talk, (Signos para bebés, cómo hablar con tu bebé antes de que tu bebé pueda hablar).

La popularidad de Baby Signs no deja de crecer en Estados Unidos, Canadá, América Latina, Australia, Reino Unido, y Europa. Podemos incluso ver a bebés signando “en plena acción” en el cine, como en la película “Los padres de ella”, donde con Robert de Niro, que interpreta el papel de ex agente de la CIA algo peculiar, enseña a su nieto a signar con mucho humor.

Hoy día, los Signos para Bebés se enseñan cada vez más en las Escuelas Infantiles, donde se refuerza el vínculo entre bebés y educadoras y los niños expresan con más facilidad sus necesidades y deseos. El pasado año 2012 la Universidad de Vigo lanzó un proyecto de investigación propio introduciendo los signos en varias escuelas de la zona con excelentes resultados, (en este enlace está el link de la noticia en el Diario Faro de Vigo).

Mi propia experiencia como madre respecto a este descubrimiento ha sido y es a día de hoy fascinante. Poder adentrarnos en la mente de nuestra pequeña y saber qué es lo que pasa por su cabecita es una sensación maravillosa. Esto refuerza el vínculo afectivo y los lazos de unión en la familia, reduce berrinches, rabietas y frustraciones de todos y lo más importante es que es realmente divertido.

Juntos hemos descubierto una nueva forma de comunicarnos, cantar canciones, contar cuentos y jugar a las adivinanzas. Nuestra pequeña ya no es tan pequeña, tiene ahora 3 años y seguimos utilizando los signos en el día a día. El hecho de tener herramientas para comunicarnos y entendernos cuando estamos lejos para oírnos, (por ejemplo, a través del cristal del aula de su clase cuando la recogemos), crea una complicidad muy especial entre nosotros. Los signos hacen que los cuentos se cuenten de una forma mucho más divertida, involucrando mucho más la atención y participación de la peque y aumentando ahora su interés por aprenderse las palabras en otras lenguas como el inglés. 

Además, creo que la estamos educando en valores, haciéndola ver realidades de otras personas que se comunican de muchas formas distintas según sus capacidades y necesidades. 

Yo descubrí esta técnica cuando mi hija tenía 14 meses y lo único que lamento es no haberla descubierto antes. Estoy segura de que poco a poco se irá difundiendo cada vez más para que todos los padres interesados tengan la oportunidad de experimentarla, investigando por su propia cuenta o acudiendo a un curso o taller para aprender junto a otras familias.

No hay nada que perder y os aseguro que la experiencia vale la pena. Hablamos a nuestros bebés desde su nacimiento y tardamos alrededor de un año en ver los primeros resultados. El hecho de que podamos comunicarnos con ellos de forma efectiva desde una edad mucho más temprana es una experiencia increíble que debería estar al alcance de todos los padres sin necesidad de encontrar una lámpara maravillosa, ¿os animáis?

Os invito a leer sobre el tema, hoy en día existen numerosos recursos en la web, y si os interesa, os lo cuento de primera mano cuando queráis!

 Miriam Escacena 

Experta en comunicación gestual

Instructora Independiente Certificada

Más información en:

Sitio de Web: 


Facebook: 


Twitter: 

viernes, 10 de mayo de 2013

Cómo mantener la atención en tus hijos porque son lo más importante




Hay veces que los padres no nos damos cuenta y nos dejamos llevar más por las presiones sociales que por las necesidades reales de nuestros hijos. ¿Cuántas veces nos han dicho "no lo cojas en brazos que se acostumbra", "enséñale ya a acostumbrarse sin pañales", "hay que llevarlo a la guardería", "llévalo a un especialista, no es normal que no sepa tal y cual cosa", …?
De repente tus familiares, tus amigos, incluso algunos conocidos o médicos y profesores, se transforman como por arte de magia en grandes "especialistas" en niños y, en concreto, en tus hijos. Tú, como madre, evidentemente, sabes que ellos desean vuestro bien, y estás igual confusa porque piensas que ellos tienen experiencia de vida, han criado a sus hijos o conocen otros casos, o han estudiado una carrera y saben probablemente cosas que tú no sabes…
Pues no, CRASO ERROR

Uno de los errores más grandes que podemos cometer como padres es creer que los demás pueden saber MEJOR que nosotros qué necesita nuestro hijo

Me gustaría dejar claro que nadie puede evaluar mejor que nosotros cuáles son las necesidades de nuestros hijos, siempre y cuando somos unos adultos responsables que convivimos lo suficiente con ellos y les seguimos mínimamente sus intereses. 
Es decir, ningún especialista puede saber mejor qué sabe, qué le gusta, qué le duele, qué odia o qué necesita tu hijo. Otra cosa es que, una vez que sepas todo esto, necesites quizá en algún momento unas ayudas puntuales que te puedan prestar familiares, amigos o profesionales. Por dar unos ejemplos muy banales: sabemos siempre cuando nuestros hijos están enfermos o cuando tienen unas habilidades especiales para ciertas actividades o simplemente cuando necesitan un corte de pelo. ¿Qué hacemos? Solemos ir a un especialista para que nos oriente cómo mejorar su estado de salud, cómo sacarle mejor partido a sus habilidades y talentos o directamente cortarles el pelo. 
Pero somos siempre los padres los que evaluamos, sabemos y tomamos la decisión, después de sopesar las informaciones recibidas acerca del tema consultado. Los especialistas no deben decidir por nosotros o por nuestros hijos, simplemente nos deben dar informaciones adecuadas y nosotros luego tomar la decisión que nos parezca más adecuada en función de las necesidades estimadas. Por así decirlo, los especialistas son nuestros guías, no nuestras cabezas. 
No me canso de señalar lo importante que es que los padres se informen cuánto más posible en todas las áreas relacionadas con la crianza y la educación, en general; son informaciones que igual pueden ser contradictorias (cuántas veces me he encontrado yo con datos positivos o negativos sobre un mismo tema), pero que pasados por el filtro de nuestros criterios nos ayudan al final a formarnos una opinión y a tomar decisiones sopesadas cuando haga falta. ¿Que nos podemos equivocar incluso así? Es posible aunque mucho más difícil; aún así, las personas suelen tener la satisfacción de haber decidido en conocimiento de causa y saber que nadie - nadie - podía haber tomado mejor decisión con las informaciones vigentes en un momento dado. Es más, la mayoría de mis conocidos lamentan haberse dejado llevar por otros a la hora de decidir cosas importantes de sus vidas o de sus hijos. 

Por lo tanto, ¿cómo mantener nuestra atención en los hijos y en sus necesidades? El título de mi entrada lo dice en alguna medida: porque son muy importantes, son seres humanos en desarrollo, son personas con emociones, deseos, necesidades afectivas y fisiológicas, talentos y gustos… en este sentido son nuestros iguales y necesitan toda la atención posible por nuestra parte; necesitan que les hagamos caso a ellos, no a otros. 
Lo ideal sería mantener una actitud abierta ante las informaciones que recabamos o recibimos, pero siempre pasarlas por el filtro de nuestro sentido común. Si algún familiar o especialista nos viene a dar un consejo (a veces no deseado) agradecerle, pero sopesar o - si hace falta - consultar con terceros o buscar literatura de especialidad, antes de correr a hacerles caso y a tomar una decisión en contra de las necesidades reales de nuestros hijos sólo porque lo dice "mi padre" o "el médico" o "un profesor". 
Además muy a menudo no tenemos en cuenta que lo que para otros constituye un "problema", para nosotros no lo es en realidad: muchos abuelos se quejan de que los nietos juegan demasiado o hacen mucho ruido o comen poco porque "en sus tiempos eso era inaudito", y los padres, sin pensar siquiera que los tiempos han cambiado y que los hijos están felices jugando o corriendo y haciendo ruido en sus propias casas sin molestar realmente a nadie, o que sus hijos están sanos comiendo menos, ya en seguida intentan hacerles caso a los abuelos y a lo mejor fuerzan a los pequeños a jugar menos o a comer más. También muchos profesores se quejan de que los niños tienen demasiada energía y se ha llegado a cierto paroxismo ya con la moda de diagnosticar ahora a cualquier niño de "hiperactivo" sin tener en cuenta las necesidades motrices de los niños de ciertas edades y sin ponerse a pensar que hoy en día los niños están tantas horas sentados (en el colegio y en las clases extraescolares) que lo extraño es que no exploten. Lo ideal en este caso sería buscar la manera de permitirle al niño que tenga más tiempo para actividades físicas: juegos con compañeros, salir al parque, alguna actividad deportiva no competitiva… 

Otros temas que atraen "expertos aficionados" de nuestro entorno que apartan nuestra atención y nos hacen darle menos importancia a las necesidades reales de los niños

- la lactancia: a mí me dijeron mil veces que deje de amamantar porque "los niños ya tienen más de un año"; me lo ha dicho en un momento dado mi pediatra - sin darme argumentos válidos -, mi familia - sin darme ni argumentos, ni motivos serios -, mi vecina - aduciendo que al niño no le es suficiente esta alimentación, simplemente porque así lo había decidido ella - y conocidos que venían con unos argumentos trasnochados)
- la educación de todo tipo: a lo largo de los años nuestra existencia estuvo poblada de muchos familiares y amigos bien intencionados que nos advertían de distintos "peligros" que podían aparecer como consecuencia de nuestra opción educativa - desde falta de socialización y falta de títulos para los niños, hasta falta de habilidades sociales, emocionales y académicas, y desde cómo hay que enseñarle ciertas cosas hasta aplicar castigos corporales - los agoreros no suelen tener límites porque todo lo ven desde SU punto de vista y de SUS intereses, no del del niño en cuestión o de los padres que lo cuidan, como sería lógico.
- la orientación religiosa: también recibí consejos acerca de los conocimientos religiosos que les daba a mis hijos, por muy extraño que pueda parecer.
- la alimentación: entre familiares y amigos he recibido miles de consejos de cómo alimentar a mis hijos, cómo hacerles comer tal y cual comida (aunque yo no deseaba hacerles comer algo en concreto), de lo dañinos que pueden ser ciertos ingredientes o lo sanos que pueden ser otros. 
- la manera de vestir de los hijos ("ponle el suéter al niño que hace frío" - aunque el niño en cuestión esté jugando y esté bien; o al revés, "hace mucho calor, quítale la chaqueta" - y quizá el niño está muy bien con su chaqueta puesta)
- la salud (aquí ya ni hace falta dar ejemplos, estoy segura de que todos los padres han recibido consejos acerca de la salud de sus hijos - nosotros hemos recibido millones, desde luego)

Estos son sólo unos ejemplos, pero hay muchos más.

Para mí la pauta a seguir es que, siempre y cuando los niños están sanos, felices y no molestan o no hacen daño a nadie (incluidos a sí mismos), la actividad que desempeñan no puede ser dañina para nadie, aunque haya personas que den consejos contrarios. Para poder hacerlo es necesario que nos informemos (de la ignorancia partimos todos, ningún hijo viene con manual de instrucciones bajo el brazo) y que usemos el sentido común (la lógica, la intuición, la observación de nuestros hijos y el respeto hacia nosotros, hacia el niño y hacia los demás, evidentemente - aunque, repito, respetar a los demás no significa hacer lo que a ellos les parezca).

En definitiva, hay que darles a nuestros hijos la importancia que tienen y dejar de intentar complacer a los demás: no son ellos los que crían a nuestros niños, ni son ellos los que deben regir nuestras vidas. 
Los responsables somos nosotros siempre, de nosotros mismos y de nuestros hijos. 

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