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jueves, 31 de mayo de 2012

Mientras hay vida...

Estas enamorada-enamorado, es la persona de tu vida, estás flotando en una nube de felicidad. Entonces comienza la convivencia, y las primeras situaciones incomodas. Dependiendo de la madurez personal de cada miembro de la pareja, esas situaciones pasarán de forma armónica o de crisis. Supongamos que la convivencia continúa, pero no con tanta "emoción" como al inicio. Se ve un pequeño deterioro, pero continúas, porque crees que vuestro "amor" puede superarlo todo.

Pasado un tiempo, decides que quieres tener un hijo/hija, o tal vez lo decida "el destino" por tí, y llegue como una sorpresa. Dónde antes habían unicamente "dos territorios", los de cada miembro de la pareja, se abre un nuevo territorio, el del bebé. Ahí aparecen nuevos movimientos de adaptación. El resultado de las primeras crisis de convivencia que hayas tenido, tienen la capacidad de predecir cómo se resolverán las siguientes. Si se han resuelto de forma positiva, es probable que en esta nueva "vida" haya un paso firme y decidido hacia la salud familiar. Hacia la fuerza. Pero si la primera parte de la convivencia ha dejado algunas cicatrices, o heridas "mal curadas" esta nueva adaptación las reabrirá. Y muy posiblemente se complicarán.

Entran en acción las creencias populares. La vida de pareja es difícil, la crianza es muy .... (poned en los puntos suspensivos lo que hayais escuchado, desde sacrificada hasta desagradecida), en todas partes "se cuecen habas", todos los matrimonios tienen problemas, etc. Puede que en este momento alguien sugiera una terapia, a veces uno de los miembros de la pareja, otras veces personas cercanas. Pero ahí comienzan a "pesar" otros condiconamientos y creencias.  Desde cambiar es difícil, un psicologo/psicologa es caro, en realidad no sirve de nada, y muchos etc. Así que se retrasa esa visita. Se supera la situación con cicatrices, heridas abiertas, y heridas "cicatrizadas en falso". 
El deterioro es evidente y va creciendo. En este caso pasa como en aquella adivinanza "qué cosa es, que cuanto más se le quita más grande es". La respuesta es el agujero. Y dicho agujero, también está en la pareja, el agujero de lo no hablado, de lo no comprendido, de lo no compartido. Cuantas más cosas guardas, cuantas más cosas tienes miedo de hablar, de compartir, más grande es ese hoyo. Si no se interviene a tiempo, dónde antes había una pareja, después solo queda un gran vacío. Y si está realmente "vacío", todo genial, puede que llegues a una separación poco traumática, una de esas llamadas amistosas. Pero otras veces, el lugar en el que antes existía una pareja, se ha llenado de resentimiento, dolor, ira, engaños, lágrimas, frustración, etc.

Cuando el lugar en el que antes existía una pareja, se han instalado las emociones negativas, paradójicamente, aún hay esperanza. En términos médicos, aún queda vida. Solo un hilito, pero aún hay vida. Pero cuando lo que queda es indiferencia, muy poco se puede hacer, salvo poner la esperanza de vida, algo así como a "usted le queda tanto tiempo de vida...".

Es evidente que es más fácil salir de un resfriado común que de una pulmonía. Y aún con pulomonía, más sencillo que de un cáncer. Y dentro del cáncer, más fácil cuanto antes se "acude". Esta regla tan común, pocas veces se respeta en la vida de pareja. A veces cuando me preguntan ¿crees que nuestra pareja tiene futuro?, en medio de una terapia, tengo ganas de responder con otra pregunta ¿para qué esperaron a estar al borde de la muerte?

Teresa García.
Psicologa clínica.

jueves, 26 de abril de 2012

Mamá-Papá, tengo miedo...

Frase común en muchos niños y niñas, a veces a la hora de dormir, pero no siempre en ese horario, y relacionado con esos temas. Qué hacer ante esa situación, es algo que a muchos padres y madres preocupa, y que por desconocimiento, más veces de las que crees, actúas justo aumentando ese miedo.

Cuando una persona adulta siente temor por algo, la reacción común es consolarle. Solo que las palabras que se utilizan suelen conseguir el efecto contrario. Es algo así como cuando le dices a alguien que se tranquilice, estando él/ella en medio de un "ataque de nervios". El efecto suele ser que los nervios, los gritos, lo que sea que esté haciendo, aumente en intensidad. Aún así, y conociendo el resultado, en el próximo conflicto es muy probable que repitas el consejo. Y que nuevamente, tenga la situación empeore en vez de mejorar.

Recuerdo cuando era niña, el eslogan de un programa que pretendía evitar los accidentes de tráfico. Y repetía, "el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra". Bueno en temas emocionales, tropieza más de dos veces con la misma piedra, por ello la importancia de mejorar cada día más la inteligencia emocional.

Cuando un niño-niña, tiene miedo, empeora la situación frases como:

- No pasa nada.
- Está vacío.
- Los fantasmas no existen.
- Todo irá bien.

Las más de las veces, lo que realmente asusta al niño no es la oscuridad (por ejemplo), sino que no sabe qué hay en la oscuridad, porque no puede "verlo". Y el único modo de saber lo que le asusta es estar dispuesto a escucharle, en todo lo que diga, aunque nos parezca una tontería con nuestra mentalidad adulta, para el niño es algo real. 

Una vez que conozcamos cuál es el miedo real, entonces es el momento de preguntarle qué piensa él/ella, que podría hacer, que le ayudaría a sentirse mejor, más tranquila. Y ahí sí introducir algunas posibles soluciones, unas vuestras y otras de ellos, hasta que consigan una respuesta que "llene" a la criatura. 

Además, es importante recordar, que mañana puede repetirse exactamente el mismo miedo, con lo cual se repetiría todo el proceso. Piensa que cuando tu hijo, tu hija aprendió a caminar, hizo varios "intentos", durante muchos meses, hasta que finalmente consiguió sostenerse en pie. Y después de sostenerse en pie hasta que consiguió correr, pasaron algunos largos meses más. Con los miedos no es diferente, y no existe un tiempo estimado, sino que cada persona tiene su propio ritmo.

Teresa García.
Sin Castigos.