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sábado, 1 de marzo de 2014

Mamá emprendedora: Las 4 claves esenciales para generar confianza.



Seguro que has oído (o leído) mil veces que una de las claves fundamentales de un buen posicionamiento y de generar ventas es crear confianza en tus seguidores y prospectos. Es así, es imprescindible que confíen en ti para que te sigan, y mucho más para que te compren. 

Pero ¿en qué se basa la confianza cuando estamos trabajando online y muchas veces nuestros clientes no solo no nos conocen si no que viven en países diferentes con otras culturas y otras experiencias? Te voy a mostrar las 4 claves fundamentales para generar confianza, en realidad se basan en un único principio: Atrévete a mostrarte tal cual eres, pocas cosas generan más confianza que dejarte ver y mostrar tu alma.

Aquí te indico las 4 claves que has de tener en cuenta:


  • Credibilidad: Esta se basa en tus conocimientos y experiencia sobre el tema en el que te estás posicionando y/o sobre el que montas tu negocio. Se trata de que la gente vea que eres una persona competente, capaz, que sabe de lo que habla.
  • Fiabilidad: Cumples lo que propones en tus servicios, eres alguien de quien te puedes fiar, tienes testimonios de clientes satisfechos que te avalan...
  • Exposición: Atrévete a mostrar pedazos de ti que no tienen nada que ver con el negocio, que permita que la gente te conozca más, sepan como eres y les permita conectar contigo de verdad. La exposición a veces cuesta, y no sabes muy bien hasta donde mostrar, pero desde luego es un ejercicio de proximidad e intimidad que muy pocos se atreven a hacer y que marca una importante diferencia. No hace falta que cuentes tus intimidades, pero sí es positivo dejar que sepan de ti, que puedan conectar, inspirarse, ver que eres accesible y que eres alguien como ellos, al final se trata de ayudar a otras personas a llegar donde tu estás o más con tus servicios y productos. Y no tengas miedo a si lo que vas a mostrar de ti es hortera o crees que la percepción que va a dar de ti no es lo glamurosa que desearías, la gente es mucho más normal de lo que imaginas y tienen un gran sentido del humor, les va a dar igual si lo que compartes de ti es tu pasión por Star Trek o por los últimos diseños aparecidos en la semana de la moda de París, lo que sí les va a gustar es tu honestidad y capacidad para mostrarte tal cual eres, todos tenemos luces y sombras, y tu vulnerabilidad también te da credibilidad.
  • Generosidad: A esto Frank Kern lo llama la técnica de "El Padrino". El Padrino era alguien a quien todos acudían porque sabían que les ayudaría. La generosidad implica por un lado dar conocimiento relevante en tus artículos, conferencias, etc, ser capaz de contar en qué te equivocaste para evitarles a ellos esas cagadas, y también estar dispuesto a tener cierta intimidad con tus seguidores, complicidad, interesarte por ellos, por entender sus necesidades, aprender de ellos también. Daniel Pink en su libro "Vender es humano" contaba como en una conversación, cuando las personas acaban mimetizándose (uno se apoya hacia la izquierda y el otro también, etc) es cuando mayor confianza se establece y mejor se negocia, así que no renuncies a intimar e interesarte por tus seguidores, conocerles y entenderles te va a hacer mejor en tu especialidad, al fin y al cabo tu voluntad de servicio es para con ellos, muéstraselo.
Estas son las claves fundamentales, en realidad si te fijas se reducen a una, importantísima: empatía. Empatía para conectar con tus seguidores, crear sinergías, comunicarte con ellos y crear complicidad y confianza. Pon a tus clientes y seguidores en primer lugar en tu negocio, eso es lo fundamental.

Azucena Caballero

viernes, 19 de octubre de 2012

Proyectando




     Cualquier observador atento de relaciones y conversaciones maternales habrá escuchado en ocasiones afirmaciones similares a éstas:

  • “le quité la teta porque lo que tenía ya era dependencia, está más tranquilo así, es mucho mejor para todos”.
  • “nos estaba tomando el pelo porque sabía hacer pis en la baza pero prefería usar el pañal; se los quitamos y en dos días controlaba perfectamente”.
  • “está mucho más contenta si va un rato a la guardería que si la tengo conmigo, se entretiene más y está más tranquila el resto del tiempo”.


     No por el hecho de que una afirmación se repita una y otra vez se convierte en verdadera porque sí, y los ejemplos anteriores llegan a ser absurdeces admitidas, repetidas, valoradas y usadas como explicación, similares a “es mejor que se te adelante el parto porque con un bebé pequeño es más fácil” o “no pasa  nada si te vas unos días, total ni se enteran”…
Rebeca López Noval Kisikosas

     La única realidad es que cada diada mamá-bebé, cada familia, cada circunstancia, son únicas. Criar no es fácil, no son matemáticas y deberíamos huir de algunas soluciones que se venden como panaceas. En ocasiones, demostraciones científicas son capaces de demostrar lo que supuestamente “es mejor”,  pero esa bondad no significa que sea lo mejor para cada familia. Quizá, por ejemplo, dar el pecho hasta que el bebé se destete por sí mismo es lo mejor (estudios antropológicos explican que la edad natural del destete es alrededor de los seis años*), pero condicionar obligatoriamente a eso a una madre trabajadora, separada, con dos hijos lactantes y con su familia lejos (por decir algo), quizá no le acerque al estado de ánimo necesario para ser una madre capaz de contener. Aquello que valoramos como “mejor” debería ser la dirección en la que se ha de tomar el camino, y no sólo la meta. No hay que llegar a toda costa o de cualquier manera, sino que después de haber meditado y valorado cuidadosamente una opción, deberíamos aproximarnos a ella, parándonos a valorar si merece la pena seguir por ahí o conviene cambiar de rumbo. Pero para eso, es imprescindible que exista una buena capacidad de escucha y auto-observación… Las madres, los padres, deberían ser capaces de preguntarse: "lo que sucede ¿le pasa de verdad a mi bebé, o creo que me pasó a mi niña interior y lo pongo en ella?"

     Se ha comentado en esta sección varias veces la necesidad de que las madres desarrollen su potencial  de escucha, empatía y lucha. Los grupos de apoyo y las asociaciones están muy bien, pero se debe acudir a ellas con la intención de que supongan  ayuda, no de que hagan el trabajo personal de cada una. Añado otra necesidad adicional: que las madres (principalmente, pero no sólo) puedan ser capaces de permanecer atentas a sus propias necesidades y situarlas de manera justa en su historia de crecimiento personal, para poder dar una respuesta adecuada a las demandas de las criaturas. Sólo así se puede aprehender terceros lo necesario para continuar andando y acercarse a lo que se ha elaborado como adecuado.

     El problema de aceptar una verdad como absoluta sin pararse a pensar en cómo afecta al clima familiar general  y, particularmente, a cómo remueven todos esos escudos que en su día se erigieron, es que no se tienen herramientas adecuadas para encontrar variaciones personales cuando algo no sale como la teoría supone que tiene que salir. También pasa cuando se toma una decisión sin meditar mucho, o haciéndolo porque la mayoría lo hace igual, aunque rechine.

     Cuando una decisión tomada respecto a los hijos resuena o molesta en ocasiones se toma la vía rápida: se “explica” según la mirada adulta, y se actúa en consecuencia. Si eso choca demasiado contra lo que se hacía hasta entonces, aparecen las justificaciones, aparece la CULPA.

     Si ante una decisión difícil se opta por mirar al niño desde la mirada del niño, desde su altura y su momento de desarrollo, se explicará de otra forma. Y esta otra forma puede ser analizada y negociada; se puede llegar a la misma actuación que en el caso anterior pero, no harán falta justificaciones, no harán falta excusas… aparece entonces la RESPONSABILIDAD (y la asunción de la misma, que no es igual que la culpa) y se abre el camino para mantener una relación con los hijos sana. Sobre los ejemplos anteriores: 

  • ¿Cómo fue el destete de esa mamá? ¿lo eligió o se lo impusieron? ¿se lo explicaron, al menos? ¿de verdad en la actualidad es autónoma e independiente? ¿tiene buena relación con su marido, se lleva bien con su madre?
  • ¿A esa madre le preocupa que le tomen el pelo? En su vida cotidiana ¿siente que se quieren  aprovechar de ella? Su hermano, un político, el vendedor de coches ¿es capaz de decirles que no?
  • ¿Es mejor un bebé tranquilo que uno capaz de llamar la atención por sus propios medios? ¿Le reprocharon a ella que era inquieta? ¿Está desbordada, no hay actividades que pueda dejar de hacer?



* Stuart McAdam, P., Dettwyler K.A. (Eds.): Breastfeeding: biocultural perspectives. Aladine de Gruyter, 1995.

Beatriz Coronas, psicóloga.
A las madrigueras!

viernes, 24 de agosto de 2012

Hasta que los hijos nos separen


Cuando éramos novios y vivíamos con nuestras respectivas familias todo era romántico y nuevo. Cuando empezamos a vivir juntos todo seguía siendo nuevo y romántico. Cuando nació nuestra primera hija la experiencia era nueva, el romanticismo no tanto. ¿Qué fue pasando?

En la construcción de nuestra familia hemos pasado por varias fases: los comienzos estuvieron llenos de novedad, ternura por el recién nacido, aprendizajes, descubrimientos, e incluso las horas sin dormir las llevamos con soltura y energía sobradas. Con más niños es más complejo compaginar la atención a las necesidades de cada criatura, las propias, encontrar momentos para la pareja y organizar la intendencia del hogar.

En los foros de maternidad -porque son las mujeres las participan mayoritariamente y buscan respuestas para la crianza de sus hijos- muchas madres se quejan de la falta de apoyo de sus parejas, e incluso hablan de enfrentamientos directos o conflictos diarios con éstos por cuestiones relativas a la alimentación, la lactancia materna, el modo de relación con los niños, el colecho...

Nuestro secreto para compartir un estilo de crianza común fue leer ambos el mismo libro, lo que supuso una apertura hacia un estilo diferente. A partir de ahí no dejamos de preguntarnos por el mejor modo de realizar nuestra tarea como padres. Ahora mismo existe una complicidad muy grande, una comprensión profunda de los puntos débiles del otro y sobre todo, un compromiso serio por cultivar el amor mutuo, cuidando de no convertirnos únicamente en "padre" y "madre" dejándonos absorber por el día a día de nuestra familia numerosa, puesto que cada uno somos más que nuestro rol parental y la relación de pareja sigue teniendo entidad propia.

Los principales obstáculos que experimentamos para una relación de pareja sana cuando tenemos hijos a nuestro cargo:

-la insatisfacción personal con la propia vida, que lleva al desánimo y el malhumor constantes, no tener claro qué quiero hacer con mi vida, dejar pasar los días sin dar salida a mis inquietudes y dones, convierte el hogar en un lugar de enfrentamiento por cuestiones pequeñas, enfrentamientos que revelan que estamos a disgusto, aunque solemos proyectarlo en la otra persona, e incluso en los niños

-la falta de flexibilidad en las costumbres, porque ¿realmente es tan importante que el trapo de la cocina quede colgado del grifo al acabar el día?

-la escasa comunicación con la pareja, por falta de tiempo y sobre todo por relajarnos en la implicación con la relación

-mantener un nivel de comunicación superficial, basado en contarnos lo que hacemos a diario, charlar sobre los amigos y la familia o la actualidad

-dar por supuesto que la otra persona sabe cómo nos sentimos, que nota nuestro desacuerdo, cansancio o necesidad de apoyo; efectivamente no es así, lo cual nos frustra y aumenta la incomunicación y los conflictos

-convertir el cuidado de los hijos en el centro de mi vida, dejando desatendidas otras facetas de mi persona y por supuesto la relación amorosa

Hay algunos puntos clave para una relación positiva cuando se tienen hijos, muchos son conocidos por casi todo el mundo -lo que no implica que se pongan en práctica todo lo necesario-:

-dialogar juntos sobre la crianza de los niños antes de tenerlos, buscar información para compartir criterios educativos


-comunicar las dudas, alegrías y frustraciones que vivas a lo largo de la relación de pareja y familiar, para no acumular sentimientos negativos hacia la otra persona

-tener momentos para el diálogo personal, sin niños, para compartir aficiones y tiempos de relax

-tener proyectos personales propios de la índole que sean, de modo que la vida de familia no sea tu única ocupación

-si hay algo que marca la diferencia es la comunicación: muchas de nuestras conversaciones podríamos tenerlas con amigos e incluso conocidos; si se trata de un nivel más profundo de comunicación entonces llegamos a los sentimientos y emociones, y en el último nivel se encuentran nuestros deseos y proyectos, nuestras inseguridades y esperanzas, experiencias de infancia, etc. Cuando cuentas lo que te ocurre, preocupa, sueñas, inquieta, divierte... el mensaje que recibe la otra persona es que es importante en tu vida, así que dí lo que sientes, qué te hace sentir inseguro y dudar, cómo quieres que sea vuestra familia, qué vas a hacer para contribuir a ello, cuál es el proyecto con el que sueñas...

Lo que no se nutre acaba muriendo, si imaginamos que nuestra pareja sobrevivirá a base de rentas de experiencias pasadas podemos encontrarnos con el tiempo inmersos en una relación gastada, sentirnos sin ilusión y lejanos de quien era parte fundamental de nuestro día a día y nuestro mayor socio en el empeño vital de crear una familia. De ambos depende que esto no sea así.

Maria Pilar Gomez San Miguel
Crianza en Familia

viernes, 22 de junio de 2012

Depende... todo depende


... así decía una canción de hace algún tiempo y que yo recordé unos días atrás, cuando veía una entrevista; en ella, la reportera de una televisión local preguntaba a dos representantes de una asociación de familias unidas por la crianza con apego sobre aspectos “comprometidos”: dónde dormir, hasta cuándo tomar pecho, cómo nacer... aspectos éstos que no es que fueran comprometidos en sí mismos, pero que estaban planteados desde una perspectiva de oposición: “lo mejor, lo que hay que hacer, lo que planteáis...” las respuestas de las dos mujeres fue la misma en muchos casos: sonrisa y “depende”. Y es que es cierto que todo depende, y en caso de crianza, mucho más. Todos (sobre todo los que nos ganamos la vida en este área) consideramos que nuestras ideas al respecto son lo mejor para todos los niños y por ende para sus familias, y en ocasiones nos falta flexibilidad para captar las sutilezas que se presentan en las relaciones entre los padres, el peso del resto de la familia, la historia previa de la propia infancia y que condicionan la relación con los más pequeños.

Es cierto que no deberíamos caer en esa especie de relativismo que nos lleva hasta el “todo vale mientras que no se excedan los límites”, pues debemos estar convencidos de por qué hacemos lo que hacemos, debemos saber dónde buscar los orígenes de las conductas, desde cuándo hacemos lo que hacemos e incluso indagar en las fuentes de las investigaciones, si es preciso. Debemos estar seguras de que lo que planteamos es lo mejor para nuestras familias, la propia y la que nos pide ayuda. Tenemos que saber dónde están esas líneas rojas que no se pueden traspasar en ningún caso; unos les llamaremos de una forma, otros de otra distinta, pero sospecho que estarán en torno a la idea del abuso de poder. Y lo debemos saber para trazar, ahora sí, nuestras propias fronteras y discernir la diferencia entre la responsabilidad personal o la culpa. Pero también debemos saber entender, la crianza no es una competición, es un regalo. Todos los que sabemos la teoría, debemos entender que la forma de llevarlo a la práctica cambia según las circunstancias y deberíamos poder valorar los pequeños detalles.

Personalmente, cuando dudo de algo relacionado con este tema, suelo recordar a una mujer que me marcó profundamente: hace unos años, trabajé unos meses en una escuela infantil bastante respetuosa con los horarios y los tiempos. Allí estaba un niño desde casi primera hora, pasaba la mañana, comía y echaba la siesta. El peque tenía alrededor de dos años, y su madre tenía un horario laboral de esos infernales, anti-conciliación, anti-familia y, como tantos otros, la imposibilidad de cambiar. Ella se escapaba a la hora de comer, a veces antes, a veces un poco más tarde, nunca a la misma hora, y cuando llegaba el peque solía estar echando la siesta. Recuerdo que se descalzaba, entraba en el aula, lo cogía en brazos y se lo llevaba al coche. Allí, le sostenía en brazos mientras comía un bocado con una mano, un pincho, una fruta... algo que le permitiera tener una mano libre para abrazar al pequeño contra sí. La mayoría de las veces, se tenía que ir antes de que el niño despertara... lo posaba en la hamaca otra vez y siempre le dejaba algo, un fular, un pañuelo, una pulsera, para que el supiera que había dormido con mamá. Después de merendar, su padre le recogía, y él le enseñaba su tesoro.

Por supuesto que esta no es una situación perfecta, ojalá se pudieran cambiar muchas cosas de esa relación. Podríamos opinar, dar ideas, aconsejar... pero ¿alguien le podría reprochar algo a esta mamá?

Para ti ¿cuándo se cruza la línea roja?

viernes, 20 de abril de 2012

El doble rasero con los niños

Frecuentemente los adultos pierden buena parte de la capacidad de ponerse en lugar de otros y de aceptar distintas opciones como válidas; esto se llama empatía y pese a estar presente en el desarrollo de planes de estudio y de programas de desarrollo emocional como parte imprescindible para un correcto crecimiento personal en los niños muchas veces desaparece en la adultez, o si aparece es de forma muy tangencial. La mayoría de los adultos se perciben a sí mismos como personas más o menos empáticas y sensibles con las necesidades de los otros, pero aparecen muchas dificultades cuando se alejan del modelo adulto-céntrico predominante. Casi todas las personas son capaces de entender a otro cuando está enfermo, cuando ha perdido un trabajo o cuando se enfrenta a adversidades, y sin embargo presentan resistencias enormes cuando las necesidades surgen en el mundo infantil, mucho más emocional y sensible que el adulto. De esta situación aparecen multitud de confrontaciones entre grandes y pequeños, y se enquistan las posibilidades para solucionarlas. Muchas veces el adulto confunde el “ajuste al mundo infantil” con “ser muy directivo”, “marcar límites claros” o, simplemente “obedecer”. Es decir, que se le permiten muchas cosas a un niño o una niña mientras su comportamiento no choque de lleno con el punto de vista adulto. Obviamente esto es necesario en ocasiones en las que la seguridad de un niño está en peligro, pero demasiado frecuentemente es simplemente el hecho de hacer cosas distintas “a lo que un niño tiene que hacer”. Esto se manifiesta en comportamientos, actitudes o peticiones hacia el comportamiento que se realizan de forma injusta y/o arbitraria. Y es que muchos adultos exigen a los niños mucho más de lo que se exigen a ellos mismos o de lo que tolerarían a otros. ¿Ponemos algún ejemplo?

  • Roberto está de paseo con su mamá y ésta se encuentra a una amiga a la que hace tiempo que no ve. Empiezan a hablar y Roberto se queja: se aburre y quiere irse. La respuesta de la madre es: “un momento, ahora voy”. “Ahora mismo nos vamos”. Tras un rato de aburrimiento, Roberto encuentra diversión con unas piedrecillas. De repente, su madre se da cuenta de lo tarde que se le ha hecho, se despide y exige: “Roberto, vámonos que es tarde”. –“Ahora voy, mamá”. –“¿Ahora? ¡NO! ¡Ya! Y deprisa, que llegamos tarde”. ¿Está la adulta dando un ejemplo de comportamiento? ¿Será capaz de darse cuenta que no está empatizando con el pequeño?


  • A Margarita le compran una bolsa de chuches y le dicen que sólo puede comer una al día. En un descuido de sus padres, agarra la bolsa y se da un atracón. Cuando su padre lo descubre y la regaña por haber desobedecido. Está muy decepcionado por no poder confiar en la palabra de la niña, que tiene que aprender a controlarse. Como castigo, esa noche no le lee un cuento en la cama, porque está muy enfadado. Se enciende su cigarrillo electrónico y se pega su parche para dejar de fumar y se afirma en su creencia que la niña “tiene que aprender”.


  • Luis no ha terminado un trabajo del cole. Su madre no puede ayudarle pues tiene que hacer la declaración de la renta, pues acaba el plazo al día siguiente y no “ha tenido tiempo” de hacerla. Luis recibe una bronca por no organizarse como debe.


En la vida cotidiana tenemos miles de ejemplos similares. Si los adultos fueran capaces de exigirse a sí mismos lo mismo que exigen a los niños, en el mundo no habría miles de métodos de adelgazamiento fallidos, no se organizarían seminarios de profesionales para organización del tiempo, ni la teletienda inundaría las pantallas con miles de artículos tan inservibles como codiciados. Si los niños encontrasen coherencia entre las actitudes de los adultos y las peticiones hacia ellos, las relaciones serían más fluidas y sanas.

Y tú ¿le exiges a tu hijo lo que eres capaz de pedirte a ti mismo?

Beatriz Coronas, psicóloga.