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miércoles, 12 de febrero de 2014

El desarrollo de la inteligencia y su relación con el apego. Videoconferencia de Nayeli Herrera.



Cada día salen nuevos estudios científicos que demuestran que lo que nuestros bebés necesitan en los primeros años de vida (de cero a tres años) es vincularse con sus padres, principalmente con mamá. La primera infancia es un periodo crucial que no puede pasar inadvertido y lamentablemente muchos apenas le presta importancia. Durante el primer año de vida no hay comunicación verbal todo es emocional, la ventana hacia el mundo la perciben a través de tus ojos.

Los niños necesitan crear un apego seguro desde muy pequeños para poder explorar sin miedo su entorno y esto lo logran a través del constante contacto físico y emocional con mamá. La ciencia ahora está demostrando que el apego en los primeros años de vida no malcría, no daña, no crece niños inseguros, sino todo lo contrario.

“Para ser un adulto independiente y seguro debió haber sido un bebé dependiente, apegado, sostenido, en pocas palabras amado” Sue Gerhardt.

El amor es instintivo, ¿Quién se puede resistir a cargar en brazos a un bebé recién nacido? Creo que nadie, pero hoy en día estamos cada vez más bombardeados con conductas que limitan este contacto físico y amoroso.

El regreso a la actividad laboral a costa de nuestros deseos, los consejos de terceras personas que dicen que los niños te tomaran la medida si los cargas mucho tiempo en brazos, libros con métodos terribles que invitan a dejar llorar a los bebés en su cuarto lejos del calor materno y así podría enlistar grandes errores de crianza que nos van alejando poco a poco del vínculo madre e hijo.

Cuando me convertí en mamá empecé a leer todo lo que cabía en mis manos acerca de la crianza consciente y amorosa. Descubrí reflejado mi instinto en varios libros y blogs de crianza. Me di cuenta que no soy la única madre que tiene la necesidad de criar en valores y respeto, descubriendo que todo inicia desde el vientre materno y a la llegada de este mundo.

Por eso me interese en entender el comportamiento de los bebés y niños pequeños desde un enfoque emocional y neuronal. Esta necesidad me llevó a investigar la relación que existe entre el apego de un bebé hacia sus padres, principalmente la madre y su repercusión directa en el desarrollo de la inteligencia emocional y fue así como escribí mi libro “El Desarrollo de la Inteligencia: Una Tarea de Amor”.

Ahora gusto de poder compartir con más familias mi primer videoconferencia online que ha sido posible gracias a mi amiga Pilar Martínez de la Comunidad Maternidad Continuum

En donde quiero presentarte a ti mamá y papá la importancia que tiene ocuparnos de nuestros bebés en sus primeros años de vida ya que en este periodo se desarrollan muchos sistemas importantísimos en el cerebro, especialmente los que utilizamos para gestionar nuestras emociones.

“Al nacer solo tenemos desarrollado el 25% del tamaño del cerebro. El 75% restante se desarrolla durante los dos o tres primeros años de vida. Aunque luego el cerebro puede cambiar, las estructuras básicas están formadas a los tres años. Y cómo se vayan desarrollando dependerá mucho del tipo de alimentación y de la relación que el hijo establezca con su madre”. Adolfo Gómez Papí, neonatólogo del hospital Joan XXIII de Tarragona y profesor de la Universitat Rovira i Virgili.

Si te interesa conocer más sobre este importante tema te invito a pasarte por mi blog en donde encontrarás más detalles de la Videoconferencia “El Desarrollo de la Inteligencia y su Relación con el Apego” en su semana de lanzamiento del 12 al 19 de febrero del 2014, porque además del precio reducido podrás obtener grandes ahorros en otros excelentes productos a fin a la crianza.


Puedes conocer más acerca de mi y mis experiencias en el blog Guía de Mamá.


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Enlaces:
Comunidad Maternidad Continuum

Videoconferencia, El Desarrollo de la Inteligencia y su Relación con el Apego

Blog


miércoles, 22 de enero de 2014

Muy bonito todo, pero... En la maternidad no todo es igual.

Fijaros en este post, parece todo muy respetuoso y bonito, pero hay dos detalles curiosos. Si bien entre madres no hay que juzgar las motivaciones de la otra, sin embargo, sí es necesario que alguien explique que quizá no son las mejores elecciones que se pueden llegar a hacer, para que mujeres que van a ser mamás, y que por lo tanto están a tiempo de tener información que en ocasiones otras no han tenido hasta que tus niños fueron más mayores, podrían tener.




Me rechinan dos de los cartelitos del post. Uno es el de la mamá que afirma "he dejado llorar (razonablemente) a mi hijo" ¿Qué es razonablemente? Porque es algo muy subjetivo. ¿1 minuto, 3, 10, 30, 1 hora? ¿Es sano para algo dejar llorar a un bebé? Va a ser que no, no aporta nada positivo, y sin embargo sí daña que no te atiendan en una etapa en la que todo lo que expresas es pura necesidad. Un bebé no te engaña, no manipula, no tiene caprichos, solo tiene necesidades vitales de alimento, contacto, amor, higiene, etc. Así que ese cartel me rechina. No hay que juzgar a la madre que cree que hace lo mejor, pero sí hay que informar de que no lo es para que más madres primerizas lo sepan y puedan lanzarse a seguir su instinto y coger a sus bebés en brazos, porque muchas veces se deja a un niño llorar por una cuestión cultural, se cree que es una forma de educar, y no lo es, el abandono emocional jamás es un método educativo positivo ni razonable, solo merma la autoestima. ¿Habéis oído a algún niño llorar por las noches en un orfanato? Pues eso...



Y el otro cartelito es el de "Programé mi cesarea" así, sin más. Es una opción, por supuesto, y no se puede juzgar a quien opta por ella, pero sí se ha de saber que sin motivos de salud que lo indiquen, solo por comodidad, porque da miedo parir, etc, no es aconsejable, ya que es una operación, con su anestesia, su post-operatorio, etc, que no es como ir a que te pongan una inyección y ya está. No es lo mismo parir y poder andar, ocuparte del bebé, etc, enseguida, que tener que recuperarte durante algunos días, etc. Sin ya entrar en otras consideraciones que la mayoría de sobras conocéis. Cesárea sí, si es necesaria, pero ojo con pensar que es lo mismo que parir. 



Una cosa es no juzgar a las personas, que cada una está en su piel, su conocimiento del mundo y sus circunstancias, y merece respeto y comprensión, y otra es pensar que todo es lo mismo. Todo no es lo mismo.



Azucena Caballero

viernes, 15 de noviembre de 2013

La dura vida de los niños "buenos".

     Hace algún tiempo mantuve una conversación con una mujer que me hablaba de su sobrino: "buenísimo, es buenísimo, dormir, comer y otra vez dormir... le han puesto una hamaquita en el salón y está tranquilísimo. A ver si ahora (nueve meses) se anima a andar y ya se le va redondeando la cabecita". Todo esto me lo contaba con alegría y hasta con  "orgullo" de tía; quizás por esa tendencia a pensar que las cosas "buenas" son genéticas. Evidentemente, a partir de sólo una conversación no puede establecerse nada, pero a mi un niño así, esos niños "tan buenos" me preocupan mucho; porque cuando una madre te dice cansada que su niño no para, que se despierta en el carro, que no quiere quedarse solo, que todo el rato quiere brazos... pues hay que intentar descartar algún dolor, y sobre todo, hay que cerciorarse que existen realmente momentos de confort para el bebé: si se calma con su mamá (aunque sólo sea con ella), o al pecho, o con movimiento, lo más probable es que todo esté bien, que sea un bebé exigente y sano. Y cuando hay exigencia, es fácil (aunque sea muy cansado) criar un niño: sólo hay que hacerle caso; ellos se encargan de hacer ver lo que les gusta, lo que no y lo que necesitan. 

     Pero los niños "buenos" son otro tema. No quiero decir aquí que tengan algún problema, pero sí que creo que la comunicación entre padres e hijos puede ser más difícil. Porque con todas las cosas que hay que hacer a lo largo del día, ante un niño que no demanda, es fácil caer en la tentación de no prestar atención a sus necesidades. Muchas veces esas necesidades son calladas artificialmente: me refiero a esos niños "buenos" permanentemente detrás de su chupete. No se trata de atacar al chupete por si mismo porque eso da para un capítulo completo, pero sí dar un toque de atención a lo que supone que un niño "acalle" sus necesidades emocionales (no estamos hablando sólo del hambre y del sueño) a base de succionar indiscriminadamente. Conozco varios de estos niños "de anuncio", tan buenos, tan buenos, que sólo han dado problemas cuando le quieren quitar los chupetes a los cuatro años, porque no se le entiende al hablar, porque se le tuercen los dientes o porque ya, tan grande, queda feo. 

    Pero otras veces, los niños simplemente son así, tranquilos. Y ser tranquilos en este mundo de locos puede ser peligroso. Con estos bebés en ocasiones llega un momento en el que la familia cae en el extremo opuesto: de repente se dan cuenta que hace demasiadas pocas cosas en relación con otros niños (ay, las comparaciones), y se cae en la trampa de la hiperestimulación. Juguetes de colores, con sonidos, luces, movimientos... y sobre todo, una repentina necesidad de que el niño ande, o por lo menos "se mueva". 

     Un niño sano debe ser estimulado, pero los recursos de la familia son los necesarios y suficientes; se le puede balancear, portear, cantar, soplar, besar, acariciar, masajear, arrullar... ACOMPAÑAR su crecimiento. Y ACOMPAÑAR está en mayúsculas para diferenciarlo de "ayudar a". Con cuatro meses se les incorpora (a la fuerza) rodeado de cojines para comer (a la fuerza) triturados. Con ocho meses se les da la mano para que echen el pie (primero a la fuerza... después, cuando las espaldas adultas se resienten y son los pequeños quien la reclaman, llegan las rabietas...). Se les sube a columpios en los que no se sostienen por ellos mismos, bien atados... eso no es acompañar, lo que se está haciendo en estos casos es FORZAR etapas, lo que puede ocasionar más daños que beneficios. 

     Los niños deben moverse por propia iniciativa; llegará el momento en el que necesiten por sí mismos voltearse, levantarse o gatear, así que además de no forzarlo con antelación hay que estar muy pendiente de tampoco evitar el movimiento: qué diferente hubiera sido el desarrollo de nuestro bebé del principio del texto si en lugar de la hamaca hubiera tenido a su disposición más suelo (en el césped, o con una mantita es suficiente para que esté un poquito más amparado), con sus diferentes texturas. Cómo se hubiera beneficiado su sistema vestibular, su musculatura y hasta la forma de su cabecita, de ser porteado frecuentemente por adultos con sistemas ergonómicos. Y sobre todo, cómo se hubieran beneficiado sus emociones de estar mucho más tiempo cerca de adultos que le den calor y le acerquen a la vida cotidiana. 

     Acabo esta reflexión con un video sobre el Instituto Loczy de Emmi Pikler, pionera en el tema de la libertad en el movimiento y a quien os animo a estudiar sobre ella y sus observaciones. 



Beatriz Coronas

miércoles, 6 de noviembre de 2013

LA LACTANCIA MATERNA ESTÁ DE MODA





Hoy en día la lactancia materna “está de moda”. Durante décadas ocurrió lo contrario, mi generación sobre todo somos de la cultura del biberón. En la década de los 70 la lactancia materna estuvo en “peligro de extinción”. Una vez que los laboratorios encontraron una fórmula aceptable para poder alimentar a los bebés de una forma alternativa al pecho, la industria fue “a saco”, vendiendo el producto de forma que llegaron a hacer creer a madres y profesionales que era mucho mejor alimentar con sucedáneos de leche materna que con la leche que producen las madres en sus pechos.
Esto se confirmaba una y otra vez con cada lactancia fracasada, que por aquel entonces eran muchas.
Pero… ¿Cómo era posible? ¿Tanto se podía equivocar la naturaleza? O lo más llamativo. ¿Cómo había llegado hasta aquí la humanidad si era tan difícil que una lactancia funcionara? No tiene mucho sentido. Algo falla.
¿Qué ocurre? Se puede resumir en que: PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO.
Desde que aparecieron estos sucedáneos, se han intentado extrapolar las pautas que se indican para su administración (alimentar cada 3 horas, 10 minutos en cada pecho etc.) a la alimentación con leche materna, esto es lo que hace que fracasen las lactancias, porque estas pautas van en contra de su naturaleza, de su funcionamiento.
La lactancia materna es a demanda e irrestricta, es decir, el bebé sabe mejor que nadie cuándo necesita comer y cuánto necesita comer. Además esto es importante para el bebé y su correcto desarrollo y para la producción de leche. Hoy en día ya se sabe que la producción va en función de oferta y demanda, lo que se extrae se produce.
Pero aún así, el desconocimiento en lactancia materna es muy grande, son muchos los profesionales que se declaran “pro lactancia”, pero cuando escarbas un poco o surge algún problema, te das cuenta de que es más de lo mismo.
Como la lactancia materna “está de moda”, todos la defienden en principio, la aconsejan, pero no la conocen realmente, no hay una buena formación de base. Así, hoy en día se comienzan muchas lactancias, las madres cada vez tienen más claro que quieren dar el pecho, pero con el tiempo, si empiezan a surgir dificultades, no cuentan con los recursos necesarios. No tiene la información, el apoyo, ni el acompañamiento que les ayude a continuar con lo que ellas desean para sí mismas y para sus hijos, de forma que muchas abandonan por el camino muy a su pesar.
La lactancia materna NO es una moda, es la forma de alimentación que la naturaleza tiene planeada para nuestra especie, por lo tanto es la que asegura nuestro óptimo desarrollo, no sólo físico, también psicológico y emocional, la lactancia materna no es sólo alimento.
La lactancia materna es una cuestión de salud prioritaria, no sólo de salud infantil, puesto que también repercute en la madre y en el futuro adulto, ya que sus efectos son también a largo plazo.
La lactancia materna es la forma “normal” de alimentación de nuestras crías, todo lo demás “son modas”.
Ruth Giménez.
www.ruthgimenez.com



viernes, 25 de octubre de 2013

La Familia y el Ingreso Hospitalario. Parte 1.

Mi pequeña Gabriela nació por cesárea recomendada hace apenas dos meses.
Recomendada por mi marido, recomendada por mi suegro (sí, dos médicos rondando en
la familia) y recomendada por el médico que me controlaba el embarazo. Y aunque yo en
la última semana del embarazo andaba cual canguro nervioso, (a saltitos escondida por la
casa y empujando muebles con la parte más baja de la espalda), no hubo forma de poder
adelantar un parto natural a la fecha programada de la cesárea. Honra decir que una vez
en quirófano pude comprobar que los profesionales tenían razón y, en mi caso, un parto
natural hubiera sido peligroso para ambas.

Pedí que me suministraran una anestesia buena, bonita y cortita. Buena: de esas que no
te enteras de cuando te están rajando; bonita: de esas que no te enteras cuando están
metiendo semejante aguja en la espalda, y cortita: de esas que duran poco más que la
salida del quirófano pues yo, más valiente que nadie, quería estar de pie lo antes posible
para poder atender como siempre a mis dos niñas: mi bebe recién nacida y mi princesa
Palmita, a la que le quedaba ya poquito para cumplir los cinco años.

Y así fue, de tal forma que cuando me puse a llorar en la camilla de quirófano, con los
brazos atados y mis partes bajas al aire, no se trató de que me doliera nada, qué va, -el
anestesista fue magnífico haciendo su trabajo- fue tan sólo la tontería de verme de
semejante guisa únicamente por haberme embarazado. Y la tontería de haber dejado a
una niña en casa, esperándome, y a la que llevaba preparando durante un mes, noche a
noche, contándole antes de irnos a dormir, paso a paso, todo lo que iba a ocurrir la
mañana que naciera su hermanita..."nos levantaremos juntas y desayunaremos, vendrá la
abuelita a jugar contigo y te sello con un beso mi promesa, de mamá, que cuando nazca
la bebita te llamaré para que vengas a conocerla... serás la primera... y te subirás en el
coche del yayo, detrás y con el cinturón abrochado, y la yaya se sentará a tu lado. Y
llegarás al hospital y papá, Gabriela y mamá te estaremos esperando". Y ella se despidió
ese día de mí con la mueca de un puchero y un abrazo, de esos que se sienten tan
adentro que te rajan el alma. Pero no llegó a llorar. Yo me despedí de ella con otro abrazo,
pero tras que le di la espalda no pude evitar pensar, con los ojos bañados de lágrimas,
qué pasaría si algo saliera mal. Cuán diferente es todo cuando tienes a estos locos bajitos
en casa, esperando: esperando para su cuento mientras los acurrucas en la cama,
esperando para que el simple roce de tu mano les calme el dolor de barriguita, esperando
para coger su mano cuando una habitación se queda a oscuras y para soltarla cuando
practica sin ruedines en su súper bicicleta. Esperando tu infinita paciencia en cada uno de
sus enfados, esperando que veles sus noches cuando está enfermita, esperando, siempre
esperando, a su mamá a su lado... "Mamá, tú siempre estarás a mi lado?" "Si mi vida,
siempre" " y aunque pasen muchos muchos años y yo sea mayor, tú siempre estarás a mi
lado..?" La miré a los ojos mientras temblaba por dentro "escúchame bien cariño, tu mamá,
pase lo que pase y pase el tiempo que pase, siempre estará a tu lado, mirándote,
cuidándote y acompañándote, nunca lo olvides..."

Y yo lloraba sin poder parar en esa camilla de quirófano cuando la mano de una
enfermera cogió la mía y susurrándome al oído me dijo: llora, llora todo lo que quieras,
éste es tu momento...desata toda tu emoción y llora"... Porque fui tan afortunada que
quien me cogió la mano no era sólo una profesional de conocimientos, sino también de
corazón.

Y nació mi princesa Gabriela y la calma por fin llegó. Aún sin lavar la puse en mi pecho, la
abracé, la acurruqué y sonreí para desde entonces no poder parar de hacerlo.
Salía de quirófano a las cinco de la tarde camino a la habitación cuando recordé que me
tenían sin comer desde la mañana. Hambrienta y desesperada le dije a mi marido: "ahora
mismo me vas a traer un bocadillo de tortilla". Y Virgen Santa que me lo comí. Jamás
sentí más rico un pan tan crujiente y calentito ni tan sabrosa una tortilla de patatas y es
que acabábamos de comenzar nuestra gran carrera de saltos de recomendaciones y
protocolos.

Cumplí mi promesa y la vida me brindó el momento de poder ver la cara de Palmita
cuando conoció por primera vez a su hermanita. Son momentos tan mágicos que carecen
de descripción: ese brillo en su mirada, esa boca medio abierta, esa emoción en sus
manos. "Mamá, ésta es mi hermana Gabriela?". "Si cariño, es tu hermana". "Y ya para
siempre va a quedarse a vivir en nuestra casa?" "Si princesa, ya siempre estará con
nosotros". Le cogió la manita y pude sentir cómo se crea la magia de la protección.
No preguntamos a nadie, pero yo no dudé en momento alguno en traerme junto a la
maletita de la bebé, otra para Palmita. Traía su pijamita, su conejito favorito para dormir,
algunos libros de dinosaurios para pintar y muchos lápices de colores.

En lo que restó de tarde no vivimos ningún momento ni de aburrimiento ni de niños
nerviosos atrapados entre cuatro paredes... no dio tiempo a nada de eso. Palmita
disfrutaba viendo cambiar los pañales a la bebé, mirándola cuando se despertaba,
acurrucándose conmigo en la cama cuando la bebé tomaba el pecho, pintando a ratos, a
ratos escuchando cuentos. La televisión? Ni siquiera supimos donde estaba.

Si venían las enfermeras ella se ponía detrás de las cortinas, tranquila, para no molestar
el trabajo de quien no quería ser molestado. Pero no pude tener más suerte que ser
atendida y ayudada por unas enfermeras maravillosas, respetuosas y comprensivas.
Y llegó la noche y nos acomodamos así: yo en un ladito de la cama, el más cercano a la
pared, con mi suero y mi bomba baxter puesta. Palmita en el otro ladito, bien pegadita a
mi, ya no porque no cabíamos de otra forma sino porque así duerme cada noche,
conmigo. Levantamos la barrera de la cama para que no se cayera pues la postura en la
que estábamos era en la única en la que podíamos dormir: no había forma de girarse, no
había más cama. Y pegada a esa barrera pusimos la cunita con la bebita. Mi marido se
recostó en el sillón que tiene toda habitación y que todos ya, de una forma u otra,
conocemos.

Y todos se durmieron...

... Y yo comencé a acordarme de maldita la hora en que pedí aquella anestesia cortita. Os
puedo afirmar que ya no me quedaba ni gota en el cuerpo. Me dolía hasta respirar. Era
como si me abrieran las entrañas, como si me separaran las costillas a cada momento.
No lo quiero ni pensar! Sólo sabía mirar la bomba Baxter: bombita baxter, bombita bonita,
anda echa más gotitas... Y la miraba y miraba fijamente y os juro por lo más grande que
no se movía. Llamaba a mi marido: "cariño, ese cacharro funciona?". "Claro que funciona,
te lo he puesto yo". Al rato: "maridito querido, tú estás completamente seguro que eso no
está atascado?, es que me duele un poquito y no veo que caiga nada..." Se levantaba, le
daba unos golpecitos, comprobaba la válvula... "Si mami, funciona perfectamente". Y se
volvía a dormir. Y yo seguía aguantando la respiración, concentrándome en mirar las
gotas y deletreando el nombre de bombabaxter bombabaxter pórtate bien. Y según el
humor y el umbral de la mala leche me movía variante entre el "bombita guapa no seas
tacaña" y todas las maldiciones conocidas e innombrables...

Y a las cuatro y media de la mañana, casi morada de no respirar, con una mijita de dolor
insoportable y a punto de darle un tirón a la bomba baxter y tirarla por la ventana, mi
marido entendió. Procedió entonces a pincharme en la barriga una dolantina... Ay! Santa
sea!

(La historia continua el próximo viernes. Os espero hasta entonces)

Evita Rey
Los Cuentos de Palmita

lunes, 13 de mayo de 2013

COMUNICACIÓN CON BEBÉS


Signo cuento
 
¿Alguna vez tras escuchar el llanto continuado de tu bebé has deseado tener a mano una lámpara mágica? Si, esa que te estás imaginando que la frotas y aparece un genio dispuesto a concederte tres deseos! Si uno de tus deseos fuera que tu bebé pudiera “hablar” para decirte lo que le pasa estás de enhorabuena porque puedo concedértelo! 

Creo que todos los padres, sobre todo los primerizos, hemos vivido alguna situación de este tipo. Puede que dure sólo unos minutos pero a nosotros se nos hace eterno ver que no logramos calmar el llanto y nos empezamos a poner nerviosos deseando poder entender a nuestro bebé. 

Solemos chequear si tiene el pañal húmedo, hambre, sueño, calor frío, fiebre, dolor de dientes, oídos.. etc.  Muchas veces a nuestros bebés no les pasa nada, simplemente les apetece jugar, salir a la calle o ver a ese perrito que está siempre en el parque.

Y es que los bebés nacen  con el dedeo de comunicarse, claro, la comunicación es la base de la supervivencia, todos hemos oído alguna vez la frase de “quien no llora no mama” verdad? Utilizan todas las herramientas a su alcance: sonrisas, llantos, gorjeos, pero necesitan entre uno y dos años para poder expresarse con palabras. 

Mientras llega ese momento podemos enseñarle otra forma de comunicarse sencilla y entrañable que nos llenará de alegrías: los signos para bebés o Baby Signs.
 
Puede que nunca hayas oído hablar de esto, pero no es un nuevo descubrimiento ni una moda reciente, su origen es de EEUU en la década de los 80, pero como otras cosas tarda en llegar! 

Los Baby Signs son una herramienta para facilitar la comunicación con bebés y niños a través de gestos sencillos que pueden hacer con sus manitas, basados en le lengua de signos de la comunidad no oyente. Pueden enseñarse desde que comienza el desarrollo de las habilidades motoras finas, aproximadamente a partir de los 6 meses, sirviendo como puente de comunicación hasta el aprendizaje del habla.

Todos nosotros solemos usar ciertos signos en nuestra vida cotidiana, es muy común agitar la mano para decir “hola” o “adiós”, colocar el dedo índice sobre los labios para pedir silencio o señalar el reloj para comunicar que ha llegado la hora.

Los niños hacen gestos de forma innata: levantan sus bracitos cuando quieren que les cojamos pidiendo “aupa”, señalan objetos que quieren para que se los demos, y cuando les enseñamos dicen adiós con su manita o tiran besitos para despedirse. Este lenguaje gestual se desarrolla dentro del proceso de adquisición de la comunicación, y se mantiene durante todo el ciclo vital.

Los Baby Signs surgieron en Estados Unidos hace una treintena gracias al trabajo del Dr. Joseph García y las profesoras Linda Acredolo y Susan Goodwyn.

El Dr. García, especialista en Desarrollo Infantil, observó que los bebés de padres no oyentes podían comunicarse más fácilmente que los bebés de padres oyentes. De hecho, alrededor de los nueve meses, estos bebés ya eran usuarios avanzados de la lengua de signos entendiendo y comunicando hasta 75 conceptos diferentes!! ¿Cuántas palabras balbucean los bebés esta edad? 1, 2..

Joseph García, fascinado ante este descubrimiento y aprovechando su propia experiencia como padre,  basó su tesis doctoral en demostrar que es posible enseñar la lengua de signos a bebés oyentes y aprovechar los beneficios de esta comunicación temprana. Linda Acredolo y Susan Goodwyn, de la Universidad de California, recibieron varias becas de investigación durante las décadas de los 80 y 90 y escribieron también su famoso Best-Seller en 1996: Baby Signs, How to talk with your baby before your baby can talk, (Signos para bebés, cómo hablar con tu bebé antes de que tu bebé pueda hablar).

La popularidad de Baby Signs no deja de crecer en Estados Unidos, Canadá, América Latina, Australia, Reino Unido, y Europa. Podemos incluso ver a bebés signando “en plena acción” en el cine, como en la película “Los padres de ella”, donde con Robert de Niro, que interpreta el papel de ex agente de la CIA algo peculiar, enseña a su nieto a signar con mucho humor.

Hoy día, los Signos para Bebés se enseñan cada vez más en las Escuelas Infantiles, donde se refuerza el vínculo entre bebés y educadoras y los niños expresan con más facilidad sus necesidades y deseos. El pasado año 2012 la Universidad de Vigo lanzó un proyecto de investigación propio introduciendo los signos en varias escuelas de la zona con excelentes resultados, (en este enlace está el link de la noticia en el Diario Faro de Vigo).

Mi propia experiencia como madre respecto a este descubrimiento ha sido y es a día de hoy fascinante. Poder adentrarnos en la mente de nuestra pequeña y saber qué es lo que pasa por su cabecita es una sensación maravillosa. Esto refuerza el vínculo afectivo y los lazos de unión en la familia, reduce berrinches, rabietas y frustraciones de todos y lo más importante es que es realmente divertido.

Juntos hemos descubierto una nueva forma de comunicarnos, cantar canciones, contar cuentos y jugar a las adivinanzas. Nuestra pequeña ya no es tan pequeña, tiene ahora 3 años y seguimos utilizando los signos en el día a día. El hecho de tener herramientas para comunicarnos y entendernos cuando estamos lejos para oírnos, (por ejemplo, a través del cristal del aula de su clase cuando la recogemos), crea una complicidad muy especial entre nosotros. Los signos hacen que los cuentos se cuenten de una forma mucho más divertida, involucrando mucho más la atención y participación de la peque y aumentando ahora su interés por aprenderse las palabras en otras lenguas como el inglés. 

Además, creo que la estamos educando en valores, haciéndola ver realidades de otras personas que se comunican de muchas formas distintas según sus capacidades y necesidades. 

Yo descubrí esta técnica cuando mi hija tenía 14 meses y lo único que lamento es no haberla descubierto antes. Estoy segura de que poco a poco se irá difundiendo cada vez más para que todos los padres interesados tengan la oportunidad de experimentarla, investigando por su propia cuenta o acudiendo a un curso o taller para aprender junto a otras familias.

No hay nada que perder y os aseguro que la experiencia vale la pena. Hablamos a nuestros bebés desde su nacimiento y tardamos alrededor de un año en ver los primeros resultados. El hecho de que podamos comunicarnos con ellos de forma efectiva desde una edad mucho más temprana es una experiencia increíble que debería estar al alcance de todos los padres sin necesidad de encontrar una lámpara maravillosa, ¿os animáis?

Os invito a leer sobre el tema, hoy en día existen numerosos recursos en la web, y si os interesa, os lo cuento de primera mano cuando queráis!

 Miriam Escacena 

Experta en comunicación gestual

Instructora Independiente Certificada

Más información en:

Sitio de Web: 


Facebook: 


Twitter: 

viernes, 10 de mayo de 2013

Cómo mantener la atención en tus hijos porque son lo más importante




Hay veces que los padres no nos damos cuenta y nos dejamos llevar más por las presiones sociales que por las necesidades reales de nuestros hijos. ¿Cuántas veces nos han dicho "no lo cojas en brazos que se acostumbra", "enséñale ya a acostumbrarse sin pañales", "hay que llevarlo a la guardería", "llévalo a un especialista, no es normal que no sepa tal y cual cosa", …?
De repente tus familiares, tus amigos, incluso algunos conocidos o médicos y profesores, se transforman como por arte de magia en grandes "especialistas" en niños y, en concreto, en tus hijos. Tú, como madre, evidentemente, sabes que ellos desean vuestro bien, y estás igual confusa porque piensas que ellos tienen experiencia de vida, han criado a sus hijos o conocen otros casos, o han estudiado una carrera y saben probablemente cosas que tú no sabes…
Pues no, CRASO ERROR. 

Uno de los errores más grandes que podemos cometer como padres es creer que los demás pueden saber MEJOR que nosotros qué necesita nuestro hijo. 

Me gustaría dejar claro que nadie puede evaluar mejor que nosotros cuáles son las necesidades de nuestros hijos, siempre y cuando somos unos adultos responsables que convivimos lo suficiente con ellos y les seguimos mínimamente sus intereses. 
Es decir, ningún especialista puede saber mejor qué sabe, qué le gusta, qué le duele, qué odia o qué necesita tu hijo. Otra cosa es que, una vez que sepas todo esto, necesites quizá en algún momento unas ayudas puntuales que te puedan prestar familiares, amigos o profesionales. Por dar unos ejemplos muy banales: sabemos siempre cuando nuestros hijos están enfermos o cuando tienen unas habilidades especiales para ciertas actividades o simplemente cuando necesitan un corte de pelo. ¿Qué hacemos? Solemos ir a un especialista para que nos oriente cómo mejorar su estado de salud, cómo sacarle mejor partido a sus habilidades y talentos o directamente cortarles el pelo. 
Pero somos siempre los padres los que evaluamos, sabemos y tomamos la decisión, después de sopesar las informaciones recibidas acerca del tema consultado. Los especialistas no deben decidir por nosotros o por nuestros hijos, simplemente nos deben dar informaciones adecuadas y nosotros luego tomar la decisión que nos parezca más adecuada en función de las necesidades estimadas. Por así decirlo, los especialistas son nuestros guías, no nuestras cabezas. 
No me canso de señalar lo importante que es que los padres se informen cuánto más posible en todas las áreas relacionadas con la crianza y la educación, en general; son informaciones que igual pueden ser contradictorias (cuántas veces me he encontrado yo con datos positivos o negativos sobre un mismo tema), pero que pasados por el filtro de nuestros criterios nos ayudan al final a formarnos una opinión y a tomar decisiones sopesadas cuando haga falta. ¿Que nos podemos equivocar incluso así? Es posible aunque mucho más difícil; aún así, las personas suelen tener la satisfacción de haber decidido en conocimiento de causa y saber que nadie - nadie - podía haber tomado mejor decisión con las informaciones vigentes en un momento dado. Es más, la mayoría de mis conocidos lamentan haberse dejado llevar por otros a la hora de decidir cosas importantes de sus vidas o de sus hijos. 

Por lo tanto, ¿cómo mantener nuestra atención en los hijos y en sus necesidades? El título de mi entrada lo dice en alguna medida: porque son muy importantes, son seres humanos en desarrollo, son personas con emociones, deseos, necesidades afectivas y fisiológicas, talentos y gustos… en este sentido son nuestros iguales y necesitan toda la atención posible por nuestra parte; necesitan que les hagamos caso a ellos, no a otros. 
Lo ideal sería mantener una actitud abierta ante las informaciones que recabamos o recibimos, pero siempre pasarlas por el filtro de nuestro sentido común. Si algún familiar o especialista nos viene a dar un consejo (a veces no deseado) agradecerle, pero sopesar o - si hace falta - consultar con terceros o buscar literatura de especialidad, antes de correr a hacerles caso y a tomar una decisión en contra de las necesidades reales de nuestros hijos sólo porque lo dice "mi padre" o "el médico" o "un profesor". 
Además muy a menudo no tenemos en cuenta que lo que para otros constituye un "problema", para nosotros no lo es en realidad: muchos abuelos se quejan de que los nietos juegan demasiado o hacen mucho ruido o comen poco porque "en sus tiempos eso era inaudito", y los padres, sin pensar siquiera que los tiempos han cambiado y que los hijos están felices jugando o corriendo y haciendo ruido en sus propias casas sin molestar realmente a nadie, o que sus hijos están sanos comiendo menos, ya en seguida intentan hacerles caso a los abuelos y a lo mejor fuerzan a los pequeños a jugar menos o a comer más. También muchos profesores se quejan de que los niños tienen demasiada energía y se ha llegado a cierto paroxismo ya con la moda de diagnosticar ahora a cualquier niño de "hiperactivo" sin tener en cuenta las necesidades motrices de los niños de ciertas edades y sin ponerse a pensar que hoy en día los niños están tantas horas sentados (en el colegio y en las clases extraescolares) que lo extraño es que no exploten. Lo ideal en este caso sería buscar la manera de permitirle al niño que tenga más tiempo para actividades físicas: juegos con compañeros, salir al parque, alguna actividad deportiva no competitiva… 

Otros temas que atraen "expertos aficionados" de nuestro entorno que apartan nuestra atención y nos hacen darle menos importancia a las necesidades reales de los niños

- la lactancia: a mí me dijeron mil veces que deje de amamantar porque "los niños ya tienen más de un año"; me lo ha dicho en un momento dado mi pediatra - sin darme argumentos válidos -, mi familia - sin darme ni argumentos, ni motivos serios -, mi vecina - aduciendo que al niño no le es suficiente esta alimentación, simplemente porque así lo había decidido ella - y conocidos que venían con unos argumentos trasnochados)
- la educación de todo tipo: a lo largo de los años nuestra existencia estuvo poblada de muchos familiares y amigos bien intencionados que nos advertían de distintos "peligros" que podían aparecer como consecuencia de nuestra opción educativa - desde falta de socialización y falta de títulos para los niños, hasta falta de habilidades sociales, emocionales y académicas, y desde cómo hay que enseñarle ciertas cosas hasta aplicar castigos corporales - los agoreros no suelen tener límites porque todo lo ven desde SU punto de vista y de SUS intereses, no del del niño en cuestión o de los padres que lo cuidan, como sería lógico.
- la orientación religiosa: también recibí consejos acerca de los conocimientos religiosos que les daba a mis hijos, por muy extraño que pueda parecer.
- la alimentación: entre familiares y amigos he recibido miles de consejos de cómo alimentar a mis hijos, cómo hacerles comer tal y cual comida (aunque yo no deseaba hacerles comer algo en concreto), de lo dañinos que pueden ser ciertos ingredientes o lo sanos que pueden ser otros. 
- la manera de vestir de los hijos ("ponle el suéter al niño que hace frío" - aunque el niño en cuestión esté jugando y esté bien; o al revés, "hace mucho calor, quítale la chaqueta" - y quizá el niño está muy bien con su chaqueta puesta)
- la salud (aquí ya ni hace falta dar ejemplos, estoy segura de que todos los padres han recibido consejos acerca de la salud de sus hijos - nosotros hemos recibido millones, desde luego)

Estos son sólo unos ejemplos, pero hay muchos más.

Para mí la pauta a seguir es que, siempre y cuando los niños están sanos, felices y no molestan o no hacen daño a nadie (incluidos a sí mismos), la actividad que desempeñan no puede ser dañina para nadie, aunque haya personas que den consejos contrarios. Para poder hacerlo es necesario que nos informemos (de la ignorancia partimos todos, ningún hijo viene con manual de instrucciones bajo el brazo) y que usemos el sentido común (la lógica, la intuición, la observación de nuestros hijos y el respeto hacia nosotros, hacia el niño y hacia los demás, evidentemente - aunque, repito, respetar a los demás no significa hacer lo que a ellos les parezca).

En definitiva, hay que darles a nuestros hijos la importancia que tienen y dejar de intentar complacer a los demás: no son ellos los que crían a nuestros niños, ni son ellos los que deben regir nuestras vidas. 
Los responsables somos nosotros siempre, de nosotros mismos y de nuestros hijos.