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martes, 4 de febrero de 2014

Adolescencia, una oportunidad para conectar con tus hijos.



La adolescencia es una etapa de crecimiento, de transformación, de convertirte en quien eres realmente tú, con todas las oportunidades de la vida ante ti. Si desde la infancia se ha fomentado en el niño la confianza, la responsabilidad, el saberse valioso, y el saberse capaz, todo fluye. En esta etapa es cuando más desarrollan su pasión intelectual, su razonamiento lógico, su capacidad de liderazgo (especialmente de autoliderazgo), y su capacidad de estructura académica, aprovechémoslo.

Un adolescente necesita fundamentalmente sentirse escuchado, comprendido, acompañado, valorado. Es la mejor etapa para fomentar su autonomía, su responsabilidad y su emprendimiento, pero esto no es algo que surja ahora de repente, son cosas que tenemos que fomentar desde la infancia. Sabiendo que sí, tendremos diferencias, por supuesto, esta es una etapa de reafirmación de su personalidad, pero ¿con quien no se tienen diferencias?

Si miramos a nuestros adolescentes como lo que son, seres humanos en el momento de mayor florecimiento de toda su vida y confiamos, esperamos de ellos siempre lo mejor, que sean buenas personas, que sean confiables, que con esfuerzo y constancia puedan lograr sus sueños y se lo hacemos saber a ellos, les verbalizamos y decimos a ellos todo eso que sentimos y creemos, y les dejamos claro que pueden buscar ayuda siempre que la necesiten, que no pasa nada si se equivocan, todos lo hacemos, y un error, ni siquiera 100 definen quien eres, solo definen momentos puntuales, y que ellos son mucho más que cualquier equivocación que puedan cometer y solo necesitan pedir ayuda, porque nosotros estamos aquí para acompañarles en ese camino hacia una vida adulta, independiente, capaz y feliz, lograremos una relación más fluida, más honesta, y poder acompañar más y mejor a nuestros hijos hacia el futuro que desean.

¿Son necesarios los límites en esta etapa? 

Sí, pero en realidad los límites se han tenido que establecer antes, en la infancia. En esta etapa más que límites y normas necesitamos negociación. Cada vez hay que darles mayor autonomía, ya que se están preparando para levantar el vuelo en realidad.

Fomentar su autoconfianza, autoconocimiento y autonomía es lo esencial en esta etapa, y si en la infancia lograste dejar claro el marco de referencia en el que se podían mover, con pocos límites pero claros, y tienes una relación fluida con tu hijo, ahora vas a tener que establecer muy pocos límites más, o quizás ninguno que no estuviera ya establecido. Todo depende del estilo de vida de tu hogar. Por ejemplo, mis hijos adolescentes no tienen una hora concreta de llegada a casa, porque ellos tienen mi confianza, y ya saben los horarios habituales de mi hogar, si ven que algo se les alarga, llaman por teléfono para decir que están haciendo X y les gustaría quedarse, o si se les puede ir a recoger a tal sitio a X hora…en fin, que no hay una norma clara, pero sí hay una norma subyacente, la de “comúnicate, infórmame, y entre los dos vemos si es viable o no que te quedes más o que tengas que venir” pero no como norma de a las 8 se ha de acabar la diversión porque me parece a mí, si no que no pasa nada, si tú me avisas de que estás en casa de alguien que te invita a cenar, etc, llámame para que no me preocupe, y para que te confirme si es posible o si justo hoy no va a poder ser porque he de estar en otro sitio a la misma hora que me indicas y no puedo duplicarme, se trata de que todo se trata de forma racional, razonable, no “porque lo digo yo”, porque cualquiera que ha sido adolescente, sabe que eso no funciona y deteriora las relaciones.

Azucena Caballero

Publicado originalmente en Pedagogía Blanca.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

5 motivos por los que mirar Mary Poppins con los niños:



Cuando era pequeña y fui al cine a ver “Mary Poppins” salí de la sala fascinada. Me gustó tanto que me volvieron a llevar al cine para que la volviera a ver unos años después cuando la re-estrenaron de nuevo. De hecho me gustaba tanto la película que cuando luego leí la novela de P. L. Travers no logré conectar con ella, porque cambia considerablemente, y yo no quería que cambiara, así que la Mary Poppins con la que siempre me quedé fue con la de Disney, la alterada, pero para mí maravillosa. Sé que los lectores de Travers no lo entenderán, pero así es, me encantó la película cuando la vi por primera vez a los 7 años, fue para mí un flechazo y ya no lo pude cambiar.

Os voy a contar 5 de los motivos que hicieron que me enamorara de la película, y porqué luego la he visto varias veces con mis hijos, por todo lo que creo que aporta:

  1. Magia. Ese ambiente mágico que se mezcla y cruza con la realidad cotidiana me fascinaba, es traer lo fantástico a casa, al parque, a nuestras vidas. Me parecía maravillosa esa posibilidad. Poder meterse dentro de dibujos, flotar mediante la risa, recoger todo con un chasquido…
  2. Mary Poppins educa a los padres. De manera sutil pero firme Mary va haciendo que los padres entren en razón y sean conscientes de lo que implica ser padre. La escena en la que le da la vuelta y logra que el padre se lleve a los niños al banco y crea que además la idea es de él es memorable.
  3. Ambientación y vestuario. Me encanta ver ese Londres de 1910, los vestidos de Mary, de los transeúntes, etc, me parecía precioso.
  4. Mary tiene respuesta para todo. Eso me fascinaba, era una imagen de seguridad, de que no te iba a fallar, porque siempre tenía la respuesta y sabía qué hacer en cualquier situación. Era una imagen aspiracional, yo quería ser como Mary.
  5. Los padres acaban siendo conscientes de que ellos pueden ocuparse de sus hijos y sin tener que ser autoritarios. Esa era la mejor parte, como los padres al final se daban cuenta de que lo mejor era estar con sus hijos y disfrutar junto a ellos, ese es el mensaje fundamental, que con un poco de azúcar y amor se puede tener una vida familiar supercalifragilisticoespialidosa y que siendo más flexibles, pero también más atentos pueden disfrutar de una vida familiar plena.
¿Qué película te encantaba a ti de pequeña? ¿Porqué motivos?

Azucena Caballero

PS: Y si deseas utilizar Mary Poppins como herramienta educativa, no te cortes porque da para mucho, yo con mis hijos la he usado como excusa para hablar entre otras cosas de
sufragistas, banca, caza del zorro, física y gravedad gracias a la maravillosa escena en casa del Tío Albert, marginación... Es un recurso fabuloso.

lunes, 9 de diciembre de 2013

3 motivos para sí celebrar los Reyes Magos

"La estrella de Belén" de Edward Burne-Jones
En estas fechas son muchas las personas que han sido padres y madres recientemente y se debaten sobre si es conveniente o no celebrar para sus hijos la festividad de los Reyes Magos (o de Papá Noel, también, que hay quien prefiere al señor de rojo), tienen dudas morales sobre si será bueno para los niños, si fomenta el consumismo, etc, y aunque es algo que recuerdan con mucha ilusión de su infancia o les encantaría ahora disfrutar de este proceso como padres con sus hijos, no están muy seguros. Yo hoy voy a darte tres motivos para el Sí. Yo sí celebro esta festividad con mis hijos, por más motivos de los que aquí voy a exponerte, pero solo quiero darte hoy tres razones sencillas sobre por qué sí es adecuado, incluso aconsejable.


Aquí van mis tres razones para sí celebrar los Reyes Magos:

  1. Tradición. Es algo que se celebra en nuestro país, forma parte del acervo cultural popular de nuestros pueblos, y me gusta continuar con aquellas tradiciones que aportan raíces y conciencia de pertenecer a un espacio geográfico y temporal concreto. Me gustan esos días especiales, diferentes, que se esperan año tras año, y que en cada pueblo puede variar, pero que dan sensación de pertenecer a un imaginario colectivo común. Que mis hijos participen de la festividad, vayan a la cabalgata, por la noche pongan agua para los camellos y caballos, comida y bebida para los Reyes y sus pajes, y que esto se transmita generación tras generación da sentido de pertenencia y de cultura, y me encanta fomentarlo. En mi casa no somos religiosos, así que no hacemos hincapié en el sentido religioso, que entiendo que en otros hogares sí harán. Es decir sí contamos la historia de la primera Navidad y hablamos de Jesús, y los Reyes Magos, etc, pero como lo hacemos de otras leyendas y otros mitos. En mi casa durante su infancia mis hijos creen en los Reyes Magos, el Tió de Nadal (tradición catalana), el Ratoncito Pérez, el Conejo de Pascua, y en Harry Potter (Mandaba correos lechuza y grageas Berttie Bott de todos los sabores cada Navidad), en todos ellos por igual, y cuando descubren la verdad se quedan alucinados de como lográbamos entrar todos esos regalos sin que se dieran cuenta, y agradecidos de todo lo que estuvimos montando durante años para ellos. Mis hijos han sido muy felices compartiendo esta tradición, y cada vez que uno ha sabido la realidad de la vida y las circunstancias ha deseado participar en mantener esto vivo para los hermanos menores. Ahora ya solo queda una “creyente” en casa, pero no importa, cuando ya todos sepan la realidad seguiremos realizando todo exactamente igual, porque lo hacemos por tradición, cultural y familiar, y eso es lo que importa.
  2. Fantasía. Todos los niños desean que sus fantasías se hagan realidad. Muchos adultos, también, lo sé, pero en el caso de los niños, ellos tienen la posibilidad todavía de vivir en un mundo de fantasía de verdad, de que ese mundo de ilusión pueda ser para ellos real, al menos por un tiempo. Es una de las grandes diferencias con los adultos, nosotros ya no nos creemos casi nada, somos muy lógicos y racionales, pero los niños pueden vivir en un bosque de hadas si se les deja creer que esos cuatro pinos del terreno de su abuelo están llenos de duendes y pequeñas hadas, y eso es lo que hacemos con la celebración de los Reyes Magos, les dejamos que por unos días durante unos pocos años de su infancia puedan soñar con los ojos abiertos, que sus mejores sueños se hagan realidad, que su mundo de fantasía e ilusión se haga tangible y real, y eso es algo que no tiene precio. No quiero que mis hijos se pierdan esa experiencia, me parece fabulosa, y cuanto más tiempo dure mejor. No deseo privar a mis hijos de disfrutar de su mundo mágico interior, y acompañándoles en estos días, mientras ellos quieran creer (hay tantas pistas por todas partes para que vean la realidad que solo creen mientras lo desean o necesitan, porque entre los pajes “negros maquillados”, los Reyes que van con zapatillas de deporte, y ese cartero real que se parece demasiado al tendero del pueblo…) logramos que cubran esa necesidad vital que tienen en su infancia de poder vivir a caballo entre ambos mundos, el fantástico y el lógico, su mente necesita estímulos de este tipo, y cuando estén preparados para soltar ese mundo mágico y entrar en un mundo más racional nos lo harán saber.
  3. Legado. Porque es un legado para toda la vida de fantasía y alegría. Porque saber que tus padres se esforzaron para que tuvieras un día especial y mágico te inunda de amor y de felicidad, porque es algo que dejas a tus hijos para que ellos lo aprendan y lo puedan hacer después por sus hijos, y estos  a su vez por los hijos de sus hijos, y así en una larga cadena interminable de padres e hijos que se quieren para toda la eternidad. Porque es una herencia que dejas en sus corazones, en sus almas, porque si yo volviera a mi infancia desearía que los Reyes Magos vinieran a visitarme y me trajeran regalos preciosos como ahora visitan a mis hijos. Porque todo aquello que implique amor, fantasía y dedicación vale la pena legarlo.


Azucena Caballero

viernes, 29 de noviembre de 2013

Mentiras del sistema educativo que los maestros creen, los niños soportan y los padres obedecen: deberes, contenidos, exámenes y castigos


Solo hace 8 horas que concluyó el Webinar "A mi hijo no le gusta ir al cole, y yo ¿qué puedo hacer?" y puedo asegurar que durante el mismo fuimos de sorpresa en sorpresa, porque nunca antes había escuchado tan claramente verdades evidentes:

los niños odian la escuela porque sufren en ella y aguantan diariamente sermones, maltrato de compañeros, gritos de profesores, obligaciones y la imposibilidad de cubrir sus necesidades básicas tales como moverse, beber agua, ir la baño, descubrir, investigar...

los deberes no son un método educativo obligatorio ni siquiera una propuesta educativa sino un hábito y una creencia de toda la comunidad educativa -excepto de quienes los sufren, los niños-

los niños no dejan de aprender por no hacer deberes

los maestros desconocen en su mayoría el contenido de las leyes educativas que deben poner en práctica en el aula aunque  estas reflejan los contenidos y criterios para un aprendizaje real y respetuoso con las necesidades de los niños

la razón de la desmotivación de los niños es que pasan gran parte de su escolaridad aprendiendo conceptos abstractos para los que su cerebro no está preparado, ya que necesitan manipular, tocar, experimentar e investigar

los maestros confían sus programaciones anuales a los libros de texto, cuando resulta que dichos libros no han sido supervisados en su mayoría por el Ministerio de Educación ni siguen la ley educativa

las normas implícitas más extendidas (exámenes, notas, deberes, castigos) no existen en ninguna ley educativa y sin embargo sirven para justificar todas las prácticas que más desagradan y dañan a niños, docentes y padres

¿Sorprendido? No es para menos.
Y esto es solo el princpio, tienes toda la información en este excelente artículo de Francisco Gómez, el ponente del Taller de anoche, porque no vas a poder evitar indignarte y saltar de la silla, y plantearte muchas cosas de la educación de tus hijos de un modo diferente.

Mª Pilar Gómez

viernes, 6 de septiembre de 2013

50 días motivando a la lectura a los más pequeños en la comunidad de Educarpetas

martes, 9 de julio de 2013

Los amigos de mis hijos



Esta semana hemos tenido de visita en casa a unos amigos de mis hijos. Se han quedado una semana aprovechando el comienzo de las vacaciones y esta visita ha sido planeada.
Para nosotros lo más interesante es que ya tienen una edad en la que deciden ellos y organizan sus momentos juntos. No hace falta planear nada para ellos, están capacitados para decidir y simplemente nos lo cuentan y nosotros, según los planes que tenemos, ayudamos a que sus encuentros tengan lugar más o menos de la forma que ellos desean. 

Esta vez ha sido muy bonito, verlos jugar y conversar con tanta libertad, con tanta seriedad, con alegría, ya tienen otras edades, hacen otras actividades, pero no dejan de pasárselo bien y esto es lo que más sensación de tranquilidad y belleza da. Esta es la amistad de verdad y el hecho de ser ya autónomos para decidir con quien y cuando se ven para mí es lo más importante.


Por otro lado, hace un par de semanas fueron mis hijos los que viajaron a España para verse con sus amigos a los que no veían desde hace un tiempo, a algunos desde hace más de dos o tres años, aunque siempre mantienen el contacto a través de Internet (Skype y correo electrónico, principalmente).
Me ha sorprendido gratamente que a la vuelta mis dos niños venían cambiados: estaban más centrados en lo que desean hacer, se habían percatado quizá de la importancia de ordenar las prioridades y de no perderse en la indecisión. De forma curiosa, uno de estos amigos que tanto ha influido en mis hijos es bastante más joven que ellos, pero su pasión y concentración los inspiró de forma positiva y los tengo ahora muy afanados en estudiar y aprender nuevas cosas, vienen con un nuevo empuje y parecen de repente muy centrados en sus prioridades. 

Los amigos de mis hijos: no importa la edad que tengan, ni los intereses que les mueven; importa que sean personas con deseo de compartir y de entrega. Confieso que miraba con cierta desconfianza la amistad tan cercana que tenían mis hijos con niños más jóvenes que ellos, pero no hay duda que cualquier amigo de verdad, por muy joven que sea, puede aportarles algo benéfico y no hay que perder la confianza en su capacidad de aprendizaje y de elección.   

domingo, 7 de julio de 2013

3 cosas que aprendí dando charlas en Universidades.

Por mi condición de mamá homeschooler en una época en la que en España éramos muy pocos (seguimos siendo pocos, la verdad) y habiendo sido socia fundadora, presidenta y vicepresidenta en varias ocasiones de la asociación de educación en casa mayoritaria en España, con relativa frecuencia me han invitado a dar charlas en Universidades, tanto en Congresos, como en diferentes ocasiones me han invitado a que fuera a dar una charla o una clase a un aula directamente, dentro del programa que X profesor impartía. A veces he ido en persona, otras veces me he conectado por videoconferencia a través de Skype con el aula en cuestión. Y de estas experiencias colaborando de diversas formas con facultades de ciencias de la educación de diferentes lugares de España he aprendido 3 cosas que son aplicables a diversos ámbitos de nuestra vida, y especialmente a nuestro emprendimiento:
 
 
  1. Comparte experiencia y pasión, eso es lo que importa y lo que la gente desea escuchar. Un título universitario no garantiza nada. Cualquier gilipollas puede no solo tener un título, si no incluso trabajar en una universidad formando a futuros profesionales y/o expertos a pesar de ser él o ella mismo una patata en su especialidad. En realidad eso ya lo descubrí cuando yo estudiaba mi carrera, que había cada cateto o estúpido que tb se sacaba el título que daba pánico, y cada profesor que hubiera sido mejor que en lugar de dedicarse a la docencia se hubiera dedicado a la investigación, o a un trabajo que no implicara preparar a jóvenes para su futuro, porque sus habilidades de transmisión de conocimiento eran muy limitadas, y sus ideas respecto a ciertas corrientes de pensamiento actuales también. Esto cuando vas a dar charlas a congresos, donde te relacionas con otros expertos del mismo o parecido ámbito, se hace aún más patente. He ido a varios congresos de educación, estilos de aprendizaje, innovación educativa... y es muy llamativo como la mayoría de expertos invitados que van no tienen ni idea sobre educación en casa, por ejemplo, y se pasan todo el rato que estoy allí preguntándome de todo. Incluso los participantes, en su gran mayoría estudiantes de magisterio, pedagogía o profesionales de la enseñanza, tienen una gran curiosidad, ya que en sus facultades no suelen verse alternativas a la escuela tradicional apenas, y en su desempeño profesional posterior, menos. Se supone que en los congresos invitan a expertos que están a "la última", pero es muy fácil que no, que algunos estén con suerte a "la penultima" y luego que te encuentres con algunos que son auténticos dinosaurios que son muy agradables, muy majos, y muy bien conectados con los organizadores del congreso, pero vamos, que si se quedaran en su casa nadie lo iba a notar porque no aportaban nada nuevo. Así que lo dicho, un título, si luego no hay una experiencia, unas ansias por conocer, descubrir y transmitir, no sirve para nada. De hecho a mí siempre que me invitan a un congreso o a un aula universitaria lo hacen por mi experiencia, no por mi título, que entonces solo iría a hablar de la Edad Media, cosa que no hago, y sin embargo siempre me felicitan y todos me dicen que les he aportado cosas que jamás hasta ese día habían podido ver en la carrera, así que para aportar tu grano de arena necesitas "vivir", disfrutar con lo que haces y estar dispuesta a compartir tu experiencia, el papelito que tengas colgado en tu despacho, no significa nada si detrás no hay pasión y trabajo continuado. Cuando un experto habla de su pasión, casi nunca habla de su título, si no de lo que hace y le apasiona. Se puede ser experto en algo sin haber pasado por un proceso más burocrático que formativo como es la Universidad. La Vida es mucho más interesante, y si hay algo que te apasiona y que es tu vida a diario, compártelo, va a haber gente interesada en ello, incluso puede que las universidades. 
  2. Aunque creas que eres el último mono, atrévete a hacer propuestas, muchas veces la gente es mucho más receptiva de lo que piensas a tus ideas si realmente aportan valor. Cada vez que me han invitado a un aula, ya sea yendo en persona o cuando me he conectado por Skype, la propuesta ha surgido de un estudiante, de un alumno que ha buscado información sobre homeschooling, ha sacado el tema en su clase, a los compañeros y al profesor/a les ha interesado, y entonces, ya sea un estudiante, o el profesor directamente, ha acabado contactando conmigo, y hemos podido disfrutar de esta colaboración que ha sido enriquecedora para todos. El estudiante se supone que no tiene poder en el aula, pero eso no es cierto, muchas veces hay profesores, personas, que sí son receptivos a propuestas interesantes. Esto no pasa solo en un aula de universidad, pasa en todos los ámbitos, si tus ideas son buenas, propón aquello que desees, no tienes nada que perder, y sí mucho que ganar.
  3. Ser accesible y cercana te aporta mucho más que ir de diva. Cuando eres accesible, dejas que al terminar tu ponencia los estudiantes y otros participantes del evento se acerquen, hablen contigo, incluso te quedas a tomar café o un cóctel, contestas a sus preguntas, etc, puedes escuchar y aprender de todo lo que los demás te dicen. Una pregunta muchas veces te está dejando ver lo que pasa dentro de esa persona, una pregunta repetida muchas veces te deja conocer el imaginario colectivo respecto a un tema. Compartir con los demás te va a resultar muy enriquecedor, y es una lección que aprendes y te sirve para muchas cosas en tu vida. Los congresistas que van de divos y solo se relacionan con los organizadores, ponentes y poco más se pierden mucho. Total, normalmente ya hay una comida para los ponentes, así que allí ya podrás debatir con ellos lo que desees, pero no te pierdas la parte cercana con la gente que ha acudido con verdadero interés para aprender. Eso puedes extrapolarlo a tu emprendimiento, un hobby que tengas, etc. Ser cercana siempre te da un extra, no te lo pierdas.
En resumen, aprendí que lo que más importa es lo que vives, que tú puedes siempre aportar y que debes atreverte a ello, y que relacionarte con los demás sin prejuicios es una gran ganancia en muchos ámbitos de tu vida. Espero que mi experiencia te pueda ayudar y te lances a proponer, compartir y ayudar, desde tu experiencia, tu pasión, y tu cercanía. Somos muchos queriéndote escuchar.

Azucena Caballero

sábado, 22 de junio de 2013

Vampiros energéticos de la educación


Reconozco que es un tema tabú porque supuestamente todo lo que les enseñamos a los niños y lo que nos aconsejan los expertos es bueno y constructivo, pero hoy en día sabemos que muchas de estas obligaciones o recomendaciones son inútiles o ineficientes o directamente dañinas; por este motivo utilizo los términos del título. 

¿Cuales son?

1. Deberes - una cosa es comprobar con los niños qué han aprendido y otra cansarlos con ejercicios repetitivos: recientemente saltó a la palestra una noticia acerca de un padre que había logrado que un colegio deje de poner deberes (http://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2013/05/29/padre-logra-colegio-oleiros-deje-poner-deberes/0003_201305G29P6994.htm) Lo interesante es la reacción de otros padres y los comentarios del artículo.

2. Personas que dicen lo que hay que hacer - los familiares y amigos que te dan consejos acerca de cómo y qué debe aprender tu hijo.

3. Presiones sociales - tradiciones obsoletas - no se puede dejar jugar al niño porque "pierde el tiempo"/ el niño debe estudiar, no jugar.
Creencias equivocadas - si le hablas de temas de adultos no le dejas vivir su infancia/ los niños deben estar con niños/ no hay que darles responsabilidades por si no pueden con ellas o porque son niños y no deben cargar con ellas.

Todas estas situaciones llegan a ser estresantes o para los niños o bien para los padres y hacen que se gaste mucha energía por parte de ambos.

¿Qué hacer? 

Primero, reconocer la situación como estresante o dañina. 
Segundo, no asustarse, sino buscar una solución según la particularidad de cada caso: 
- dar menos deberes y asegurarse del nivel de comprensión del alumno - a veces no son necesarios tantos deberes si el niño ha entendido todo - es más trabajo quizá, pero vale la pena.
- no perder la calma ante los típicos consejos de los familiares, agradecerlos y procurar hacerles entender que los responsables de la educación son los padres/tutores legales; si insisten, o bien se les explican las razones por las cuales no se siguen sus consejos, o se viene en contacto directo menos frecuentemente.
- preguntarse seriamente si las tradiciones y las creencias imperantes son de actualidad y, sobre todo, si se adecúan a la personalidad del niño, a su manera de ser; hay que ser sincero consigo mismo y reflexionar si estas creencias son de verdad de ayuda para el desarrollo del niño, si le van a guiar a lo largo de la vida teniendo en cuenta que, cuando él sea adulto, la vida será distinta, sus propios pensamientos tendrán otros cauces y él mismo otra manera de producirse. 

Y, sobre todo, dejarse guiar por las propias necesidades y criterios como familia, no hay familias iguales, y todos somos diferentes y tenemos el derecho a decidir nosotros mismos sobre nuestras acciones y, por mucho que amemos a nuestros familiares, nosotros somos los responsables de nuestras vidas y de la de nuestros hijos y lo natural es que la decisión final sea nuestra y sea respetada. 

lunes, 13 de mayo de 2013

COMUNICACIÓN CON BEBÉS


Signo cuento
 
¿Alguna vez tras escuchar el llanto continuado de tu bebé has deseado tener a mano una lámpara mágica? Si, esa que te estás imaginando que la frotas y aparece un genio dispuesto a concederte tres deseos! Si uno de tus deseos fuera que tu bebé pudiera “hablar” para decirte lo que le pasa estás de enhorabuena porque puedo concedértelo! 

Creo que todos los padres, sobre todo los primerizos, hemos vivido alguna situación de este tipo. Puede que dure sólo unos minutos pero a nosotros se nos hace eterno ver que no logramos calmar el llanto y nos empezamos a poner nerviosos deseando poder entender a nuestro bebé. 

Solemos chequear si tiene el pañal húmedo, hambre, sueño, calor frío, fiebre, dolor de dientes, oídos.. etc.  Muchas veces a nuestros bebés no les pasa nada, simplemente les apetece jugar, salir a la calle o ver a ese perrito que está siempre en el parque.

Y es que los bebés nacen  con el dedeo de comunicarse, claro, la comunicación es la base de la supervivencia, todos hemos oído alguna vez la frase de “quien no llora no mama” verdad? Utilizan todas las herramientas a su alcance: sonrisas, llantos, gorjeos, pero necesitan entre uno y dos años para poder expresarse con palabras. 

Mientras llega ese momento podemos enseñarle otra forma de comunicarse sencilla y entrañable que nos llenará de alegrías: los signos para bebés o Baby Signs.
 
Puede que nunca hayas oído hablar de esto, pero no es un nuevo descubrimiento ni una moda reciente, su origen es de EEUU en la década de los 80, pero como otras cosas tarda en llegar! 

Los Baby Signs son una herramienta para facilitar la comunicación con bebés y niños a través de gestos sencillos que pueden hacer con sus manitas, basados en le lengua de signos de la comunidad no oyente. Pueden enseñarse desde que comienza el desarrollo de las habilidades motoras finas, aproximadamente a partir de los 6 meses, sirviendo como puente de comunicación hasta el aprendizaje del habla.

Todos nosotros solemos usar ciertos signos en nuestra vida cotidiana, es muy común agitar la mano para decir “hola” o “adiós”, colocar el dedo índice sobre los labios para pedir silencio o señalar el reloj para comunicar que ha llegado la hora.

Los niños hacen gestos de forma innata: levantan sus bracitos cuando quieren que les cojamos pidiendo “aupa”, señalan objetos que quieren para que se los demos, y cuando les enseñamos dicen adiós con su manita o tiran besitos para despedirse. Este lenguaje gestual se desarrolla dentro del proceso de adquisición de la comunicación, y se mantiene durante todo el ciclo vital.

Los Baby Signs surgieron en Estados Unidos hace una treintena gracias al trabajo del Dr. Joseph García y las profesoras Linda Acredolo y Susan Goodwyn.

El Dr. García, especialista en Desarrollo Infantil, observó que los bebés de padres no oyentes podían comunicarse más fácilmente que los bebés de padres oyentes. De hecho, alrededor de los nueve meses, estos bebés ya eran usuarios avanzados de la lengua de signos entendiendo y comunicando hasta 75 conceptos diferentes!! ¿Cuántas palabras balbucean los bebés esta edad? 1, 2..

Joseph García, fascinado ante este descubrimiento y aprovechando su propia experiencia como padre,  basó su tesis doctoral en demostrar que es posible enseñar la lengua de signos a bebés oyentes y aprovechar los beneficios de esta comunicación temprana. Linda Acredolo y Susan Goodwyn, de la Universidad de California, recibieron varias becas de investigación durante las décadas de los 80 y 90 y escribieron también su famoso Best-Seller en 1996: Baby Signs, How to talk with your baby before your baby can talk, (Signos para bebés, cómo hablar con tu bebé antes de que tu bebé pueda hablar).

La popularidad de Baby Signs no deja de crecer en Estados Unidos, Canadá, América Latina, Australia, Reino Unido, y Europa. Podemos incluso ver a bebés signando “en plena acción” en el cine, como en la película “Los padres de ella”, donde con Robert de Niro, que interpreta el papel de ex agente de la CIA algo peculiar, enseña a su nieto a signar con mucho humor.

Hoy día, los Signos para Bebés se enseñan cada vez más en las Escuelas Infantiles, donde se refuerza el vínculo entre bebés y educadoras y los niños expresan con más facilidad sus necesidades y deseos. El pasado año 2012 la Universidad de Vigo lanzó un proyecto de investigación propio introduciendo los signos en varias escuelas de la zona con excelentes resultados, (en este enlace está el link de la noticia en el Diario Faro de Vigo).

Mi propia experiencia como madre respecto a este descubrimiento ha sido y es a día de hoy fascinante. Poder adentrarnos en la mente de nuestra pequeña y saber qué es lo que pasa por su cabecita es una sensación maravillosa. Esto refuerza el vínculo afectivo y los lazos de unión en la familia, reduce berrinches, rabietas y frustraciones de todos y lo más importante es que es realmente divertido.

Juntos hemos descubierto una nueva forma de comunicarnos, cantar canciones, contar cuentos y jugar a las adivinanzas. Nuestra pequeña ya no es tan pequeña, tiene ahora 3 años y seguimos utilizando los signos en el día a día. El hecho de tener herramientas para comunicarnos y entendernos cuando estamos lejos para oírnos, (por ejemplo, a través del cristal del aula de su clase cuando la recogemos), crea una complicidad muy especial entre nosotros. Los signos hacen que los cuentos se cuenten de una forma mucho más divertida, involucrando mucho más la atención y participación de la peque y aumentando ahora su interés por aprenderse las palabras en otras lenguas como el inglés. 

Además, creo que la estamos educando en valores, haciéndola ver realidades de otras personas que se comunican de muchas formas distintas según sus capacidades y necesidades. 

Yo descubrí esta técnica cuando mi hija tenía 14 meses y lo único que lamento es no haberla descubierto antes. Estoy segura de que poco a poco se irá difundiendo cada vez más para que todos los padres interesados tengan la oportunidad de experimentarla, investigando por su propia cuenta o acudiendo a un curso o taller para aprender junto a otras familias.

No hay nada que perder y os aseguro que la experiencia vale la pena. Hablamos a nuestros bebés desde su nacimiento y tardamos alrededor de un año en ver los primeros resultados. El hecho de que podamos comunicarnos con ellos de forma efectiva desde una edad mucho más temprana es una experiencia increíble que debería estar al alcance de todos los padres sin necesidad de encontrar una lámpara maravillosa, ¿os animáis?

Os invito a leer sobre el tema, hoy en día existen numerosos recursos en la web, y si os interesa, os lo cuento de primera mano cuando queráis!

 Miriam Escacena 

Experta en comunicación gestual

Instructora Independiente Certificada

Más información en:

Sitio de Web: 


Facebook: 


Twitter: 

viernes, 10 de mayo de 2013

Cómo mantener la atención en tus hijos porque son lo más importante




Hay veces que los padres no nos damos cuenta y nos dejamos llevar más por las presiones sociales que por las necesidades reales de nuestros hijos. ¿Cuántas veces nos han dicho "no lo cojas en brazos que se acostumbra", "enséñale ya a acostumbrarse sin pañales", "hay que llevarlo a la guardería", "llévalo a un especialista, no es normal que no sepa tal y cual cosa", …?
De repente tus familiares, tus amigos, incluso algunos conocidos o médicos y profesores, se transforman como por arte de magia en grandes "especialistas" en niños y, en concreto, en tus hijos. Tú, como madre, evidentemente, sabes que ellos desean vuestro bien, y estás igual confusa porque piensas que ellos tienen experiencia de vida, han criado a sus hijos o conocen otros casos, o han estudiado una carrera y saben probablemente cosas que tú no sabes…
Pues no, CRASO ERROR. 

Uno de los errores más grandes que podemos cometer como padres es creer que los demás pueden saber MEJOR que nosotros qué necesita nuestro hijo. 

Me gustaría dejar claro que nadie puede evaluar mejor que nosotros cuáles son las necesidades de nuestros hijos, siempre y cuando somos unos adultos responsables que convivimos lo suficiente con ellos y les seguimos mínimamente sus intereses. 
Es decir, ningún especialista puede saber mejor qué sabe, qué le gusta, qué le duele, qué odia o qué necesita tu hijo. Otra cosa es que, una vez que sepas todo esto, necesites quizá en algún momento unas ayudas puntuales que te puedan prestar familiares, amigos o profesionales. Por dar unos ejemplos muy banales: sabemos siempre cuando nuestros hijos están enfermos o cuando tienen unas habilidades especiales para ciertas actividades o simplemente cuando necesitan un corte de pelo. ¿Qué hacemos? Solemos ir a un especialista para que nos oriente cómo mejorar su estado de salud, cómo sacarle mejor partido a sus habilidades y talentos o directamente cortarles el pelo. 
Pero somos siempre los padres los que evaluamos, sabemos y tomamos la decisión, después de sopesar las informaciones recibidas acerca del tema consultado. Los especialistas no deben decidir por nosotros o por nuestros hijos, simplemente nos deben dar informaciones adecuadas y nosotros luego tomar la decisión que nos parezca más adecuada en función de las necesidades estimadas. Por así decirlo, los especialistas son nuestros guías, no nuestras cabezas. 
No me canso de señalar lo importante que es que los padres se informen cuánto más posible en todas las áreas relacionadas con la crianza y la educación, en general; son informaciones que igual pueden ser contradictorias (cuántas veces me he encontrado yo con datos positivos o negativos sobre un mismo tema), pero que pasados por el filtro de nuestros criterios nos ayudan al final a formarnos una opinión y a tomar decisiones sopesadas cuando haga falta. ¿Que nos podemos equivocar incluso así? Es posible aunque mucho más difícil; aún así, las personas suelen tener la satisfacción de haber decidido en conocimiento de causa y saber que nadie - nadie - podía haber tomado mejor decisión con las informaciones vigentes en un momento dado. Es más, la mayoría de mis conocidos lamentan haberse dejado llevar por otros a la hora de decidir cosas importantes de sus vidas o de sus hijos. 

Por lo tanto, ¿cómo mantener nuestra atención en los hijos y en sus necesidades? El título de mi entrada lo dice en alguna medida: porque son muy importantes, son seres humanos en desarrollo, son personas con emociones, deseos, necesidades afectivas y fisiológicas, talentos y gustos… en este sentido son nuestros iguales y necesitan toda la atención posible por nuestra parte; necesitan que les hagamos caso a ellos, no a otros. 
Lo ideal sería mantener una actitud abierta ante las informaciones que recabamos o recibimos, pero siempre pasarlas por el filtro de nuestro sentido común. Si algún familiar o especialista nos viene a dar un consejo (a veces no deseado) agradecerle, pero sopesar o - si hace falta - consultar con terceros o buscar literatura de especialidad, antes de correr a hacerles caso y a tomar una decisión en contra de las necesidades reales de nuestros hijos sólo porque lo dice "mi padre" o "el médico" o "un profesor". 
Además muy a menudo no tenemos en cuenta que lo que para otros constituye un "problema", para nosotros no lo es en realidad: muchos abuelos se quejan de que los nietos juegan demasiado o hacen mucho ruido o comen poco porque "en sus tiempos eso era inaudito", y los padres, sin pensar siquiera que los tiempos han cambiado y que los hijos están felices jugando o corriendo y haciendo ruido en sus propias casas sin molestar realmente a nadie, o que sus hijos están sanos comiendo menos, ya en seguida intentan hacerles caso a los abuelos y a lo mejor fuerzan a los pequeños a jugar menos o a comer más. También muchos profesores se quejan de que los niños tienen demasiada energía y se ha llegado a cierto paroxismo ya con la moda de diagnosticar ahora a cualquier niño de "hiperactivo" sin tener en cuenta las necesidades motrices de los niños de ciertas edades y sin ponerse a pensar que hoy en día los niños están tantas horas sentados (en el colegio y en las clases extraescolares) que lo extraño es que no exploten. Lo ideal en este caso sería buscar la manera de permitirle al niño que tenga más tiempo para actividades físicas: juegos con compañeros, salir al parque, alguna actividad deportiva no competitiva… 

Otros temas que atraen "expertos aficionados" de nuestro entorno que apartan nuestra atención y nos hacen darle menos importancia a las necesidades reales de los niños

- la lactancia: a mí me dijeron mil veces que deje de amamantar porque "los niños ya tienen más de un año"; me lo ha dicho en un momento dado mi pediatra - sin darme argumentos válidos -, mi familia - sin darme ni argumentos, ni motivos serios -, mi vecina - aduciendo que al niño no le es suficiente esta alimentación, simplemente porque así lo había decidido ella - y conocidos que venían con unos argumentos trasnochados)
- la educación de todo tipo: a lo largo de los años nuestra existencia estuvo poblada de muchos familiares y amigos bien intencionados que nos advertían de distintos "peligros" que podían aparecer como consecuencia de nuestra opción educativa - desde falta de socialización y falta de títulos para los niños, hasta falta de habilidades sociales, emocionales y académicas, y desde cómo hay que enseñarle ciertas cosas hasta aplicar castigos corporales - los agoreros no suelen tener límites porque todo lo ven desde SU punto de vista y de SUS intereses, no del del niño en cuestión o de los padres que lo cuidan, como sería lógico.
- la orientación religiosa: también recibí consejos acerca de los conocimientos religiosos que les daba a mis hijos, por muy extraño que pueda parecer.
- la alimentación: entre familiares y amigos he recibido miles de consejos de cómo alimentar a mis hijos, cómo hacerles comer tal y cual comida (aunque yo no deseaba hacerles comer algo en concreto), de lo dañinos que pueden ser ciertos ingredientes o lo sanos que pueden ser otros. 
- la manera de vestir de los hijos ("ponle el suéter al niño que hace frío" - aunque el niño en cuestión esté jugando y esté bien; o al revés, "hace mucho calor, quítale la chaqueta" - y quizá el niño está muy bien con su chaqueta puesta)
- la salud (aquí ya ni hace falta dar ejemplos, estoy segura de que todos los padres han recibido consejos acerca de la salud de sus hijos - nosotros hemos recibido millones, desde luego)

Estos son sólo unos ejemplos, pero hay muchos más.

Para mí la pauta a seguir es que, siempre y cuando los niños están sanos, felices y no molestan o no hacen daño a nadie (incluidos a sí mismos), la actividad que desempeñan no puede ser dañina para nadie, aunque haya personas que den consejos contrarios. Para poder hacerlo es necesario que nos informemos (de la ignorancia partimos todos, ningún hijo viene con manual de instrucciones bajo el brazo) y que usemos el sentido común (la lógica, la intuición, la observación de nuestros hijos y el respeto hacia nosotros, hacia el niño y hacia los demás, evidentemente - aunque, repito, respetar a los demás no significa hacer lo que a ellos les parezca).

En definitiva, hay que darles a nuestros hijos la importancia que tienen y dejar de intentar complacer a los demás: no son ellos los que crían a nuestros niños, ni son ellos los que deben regir nuestras vidas. 
Los responsables somos nosotros siempre, de nosotros mismos y de nuestros hijos. 

viernes, 19 de abril de 2013

CONDICIONANDO EL FUTURO



Hace unos días presencié una conversación entre una madre y su hija, después de una discusión, en la que ella (la madre) le decía: 

-          “si ya sabes que yo te quiero mucho, pero cuando te portas bien…”

Así, leído en frío, lo vemos como una barbaridad, pero ¿de verdad a estas alturas nos pueden sorprender estos comentarios? Posiblemente sea el modelo materno-filial más habitual; desde luego es el modelo conductista que Supernanny, Estivill y compañía proponen en sus “métodos” y que luego miles de familias reproducen con más o menos éxito. Es bastante probable incluso que muchos padres y madres de familia lo hayan escuchado de sus propios progenitores y, lo que es peor, que lo lo hayan creído. 

Yo personalmente prefiero al Doctor Jekyll dicendo eso tan archiconocido de “Quiéreme cuando menos lo merezca, que será cuando más lo necesite” (R. L. Stevenson). Y es que si negamos la posibilidad de errar, de enfadarnos, de sentirnos humanos, estamos negando la posibilidad de decidir, y con ello, de crecer. Pero los adultos lo hacemos con bastante frecuencia: 

-          ¿No me das un besito? ¡ay! Qué triste me pongo, voy a llorar!
-          He estado cocinando toda la tarde, y tu ahora no comes nada…
-          Me encanta cuando me ayudas y recoges todos tus juguetes. 

El problema es que nos han hecho creer que todo en esta vida funciona a base de condicionamiento operante, de estímulo y refuerzo, y que además, lo podemos controlar, y que podemos modelar la conducta de los niños a base de castigos y refuerzos. Incluso hay gente que dice: “no, castigar no, pero hacer refuerzos positivos sí, claro”. Bueno, pues depende. Es muy simplista pensar que podemos modificar el comportamiento humano con la misma facilidad que el de una paloma en ambientes no controlados, como los de un laboratorio, pero esa es sólo una de las grandes críticas que se puede hacer al conductismo aplicado a los niños (el “conductismo fashion” que dice Rosa Jové):

Una crítica es que cuando sucede “algo” en lo que nosotros (los adultos) nos fijamos, también ocurren muchas otras cosas alrededor, antes, durante y después, que nos pueden  pasar desapercibidas pero que están ahí y que también influyen. Cuando estudié la carrera hice cientos de horas de observación (a bonobos, a niños, a adultos…) y era muy interesante comprobar que realmente era dificil que varias personas estuvieran absolutamente de acuerdo en lo que había sucedido,en lo de antes y lo de después. Esto, en entornos muy controlados ¿cómo exportarlo a lo que ocurre en una casa? Y el problema de esto es que el condicionamiento depende de unas variables muy precisas, que si fallamos en ella, falla el refuerzo de aquello que esperamos conseguir. Esto le pasó, INSISTO, en condiciones  muy estrictas de laboratorio, a Skinner y a alguna de sus palomas. 



Por otro lado, es terrible que queriendo reforzar conductas positivas silenciemos los fallos, los errores o actitudes que A LOS ADULTOS no nos gustan. Y es que si no acompañamos a los pequeños en la búsqueda de sus propias respuestas, en el afrontamiento de las consecuencias reales de sus actos ¿en qué estamos educando? En la competencia salvaje, en la individualidad y en el menosprecio a los sentimientos… estos, casualmente (o no) son algunos de los motivos que nos hacen estar encallados en la situación social en la que estamos. 
 
Del blog "Esas pequeñas cosas"
Y lo que realmente resulta peligroso de condicionar es que los aprendizajes no son elaborados, elegidos; se graban a fuego en la mente, sin análisis, sin valoración. No es una educación crítica y preparada para mejorar. Curiosamente, esto también lo explica muy bien un experimento de los primeros conductistas: en una jaula con el suelo electrificado metían a varios monos. Del techo pendían unos plátanos que en realidad eran unos sensores: cuando un mono cogía un plátano, los que estaban en el suelo recibían una descarga eléctrica. Los monos aprendieron pronto y molían a palos a aquel compañero que intentara comer. Cuando la conducta estuvo bien asentada, introdujeron otro mono que por supuesto, recibió la consabida paliza cuando intentó coger los plátanos. Poco a poco fueron reemplazando todos los monos del principio por monos nuevos que también intentaban comer plátanos antes de ser “persuadidos”, incluso por aquellos simios que no habían recibido descarga eléctrica ninguna. Al acabar el experimento, ningún mono había sido condicionado mediante descargas, pero no dudaban en atacar a aquel ignorante que tuviese pensado subir. 

Aquí  podéis ver una réplica del experimento de los monos y los plátanos, son apenas dos minutos y está subtitulado. 

¿Así queremos educar? ¿En el miedo, en la irreflexión? Pensemos en que lo que aprenden en los primeros años durará para toda la vida. ¿De verdad que lo que les queremos entregar para que salgan al mundo es una mochila llena de supersiticiones?

Beatriz Coronas, psicóloga.