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viernes, 27 de diciembre de 2013

Nuevo año, nueva familia: 10 razones para construir juntos nuestro hogar


A tres días del fin de año ¿ya has hecho tus propósitos para 2014? ¿Analizaste hasta dónde llegaste en el año que está a punto de terminar? Seguro que en tu negocio, tu tiempo libre y tus aficiones, el tiempo que pasas con tu pareja... puedes introducir cambios que te conduzcan a sentirte mejor contigo mismo, más realizado, pleno y satisfecho.

¿Te acordaste de tu vida familiar? Parece mentira cómo esta parte fundamental de nuestra vida que tanto tiempo, pensamientos, emociones, frustraciones, descubrimientos... nos trae sea una de las olvidadas de las planificaciones del próximo año. Quizá te parece un poco frío someter a la lupa de los "objetivos cumplidos" el ambiente familiar que se respira en tu hogar, sin embargo es algo útil y necesario.

Parece que en estas fechas la alegría navideña aleja los fantasmas de los conflictos y desavenencias, la falta de comunicación y de alegría. Pero es un espejismo, y con la llegada de las rutinas laborales o escolares regresan los problemas. Y el paso del tiempo no las cambia. Estas fechas propicias y motivadoras podemos aprovecharlas para revisar y proponernos algunos cambios dentro de nuestra familia.

Con esta evaluación y las propuestas que obtengáis conseguíréis:

1. Que los acontecimientos más importantes por la huella que han dejado no caigan en el olvido
2. Que todos los miembros de la familia os comprometáis y dialoguéis
3. Sacar a relucir todo lo positivo de vuestra convivencia y el amor que os tenéis
4. Llegar a acuerdos con la participación de cada uno
5. Conocer de primera mano los sentimientos y el efecto que tienen tus conductas y palabras en tus hijos y pareja
6. Recuperar la confianza en tí mismo para hacer cambios que beneficien las relaciones familiares
7. Involucrar a toda la familia y recuperar el sentimiento de responsabilidad de cada miembro
8. Ser creativos en la búsqueda de soluciones a los problemas
9. Dar espacio y voz a cada miembro de la familia
10. Construir la familia que queréis ser, que necesitáis ser, que podéis ser

¿Qué hace falta? Una mesa en torno a la que reuniros, papel y lápiz para escribir, respeto a las palabras de cada uno y un espíritu positivo para ver todo lo bueno de vuestra convivencia común y proponer soluciones a los problemas.
 
¿Te atreves a añadir este objetivo para tu nuevo año? Te juegas mucho, merece la pena.

Mª Pilar Gómez

viernes, 1 de noviembre de 2013

La familia y el Ingreso Hospitalario. Parte 2

Aunque ha pasado poco tiempo, sigo emocionándome, como si hubiera sido ayer, al recordar que todos pudimos pasar juntos en el hospital la primera noche de vida de mi pequeña Gabriela. Ya no sólo era importante para mi, sino lo era para cada uno de los miembros de la familia: desde los más grandes a los más pequeños pues todos, y cada uno de ellos, tienen el derecho a que se le respeten sus opiniones y deseos. No por tener menos edad, por ser un niño, han de menospreciarse sus preocupaciones, sus deseos, sus opiniones. Los niños sienten, aman y piensan en la misma forma e intensidad que nosotros y es por ello que las decepciones y la desatención a sus sentimientos, provoca en ellos un estado de ansiedad que va mermando su seguridad ante la vida misma.

Mi hija Palmita quería pasar la noche junto a mi, a su papa y a su hermana en el hospital. No era un capricho. Para ella el nacimiento de su hermana era un acontecimiento que llevaba 9 meses esperando, día a día, viendo mi barriguita crecer y notando las patadas de su hermana. No era una situación extraordinaria que surge con urgencia de un día para otro y en la que hay que tomar decisiones precipitadas. Fue una maduración de nueve meses donde no sólo iba a nacer un nuevo hijo, sino iba a nacer una nueva familia. Una nueva familia donde cada uno de sus miembros durante todo el tiempo que la naturaleza, tan sabia, nos da, fuimos preparándonos y creciendo emocionalmente. Aprendimos a asumir nuestro nuevo papel de forma pausada, prestando especial atención a la pequeña, ayudándole a superar sus momentos de miedo e inseguridad por el cambio tan grande que se avecinaba en el mundo que le rodeaba y que, hasta ahora, conocía.

Amanecimos en el hospital con el cálido aire del veranillo de San Miguel. Mi marido tuvo que marcharse a trabajar pero antes le pedí que me liberara de toda aguja, válvula y suero que tuviera en mi cuerpo. Me levanté feliz de la cama con la satisfacción de poder ser de nuevo independiente y ocuparme de mis hijas. Y comenzaron las visitas médicas...

En primer lugar llegó la pediatra. Le pregunté si deseaba que Palmita y su abuela salieran de la habitación mientras ella exploraba a la bebé y su respuesta fue clara: "A mi no me molestan los niños". Con dedicación infinita no sólo permitió que Palmita se quedara allí sino que le pidió que se acercara y la hizo partícipe de la exploración explicándole pacientemente cada cosa que iba haciendo. Palmita permaneció a su lado tranquila y callada, mirando y aprendiendo. No me cabe duda que cada uno de esos pequeños momentos, a veces tan insignificantes para los adultos, son pilares fundamentales para crear el vínculo emocional entre hermanos, del mismo modo que sucede con la madre y el recién nacido en las primeras horas de vida.

Al poco rato de marcharse llegó una auxiliar de enfermería. Sin mediar palabra se puso a gritar desde la puerta: "TODAS LAS VISITAS FUERA!!". "TODOS AFUERA YA!!" Su tono era áspero e insultante. Agresivo. Mi pequeña bebe, de un sólo día de vida, dio un respingo poniéndose a llorar asustada (demasiado poco tiempo para tamaña gritería). Yo pensé que la señora, sin ella misma saberlo ni quererlo, era un poco maleducada (es condición mía, que no puedo evitar, justificar siempre de antemano un mal comportamiento). Ingenua de mí le contesté: "por supuesto señora, espere un momento y ya salen". Necesitaba un minuto para explicarle a Palmita que iba a salir un ratito afuera con la abuela mientras la doctora me exploraba a mi. Y es que tengo la mala costumbre de explicarle a mi hija todo lo que ella me pregunta y es por ello que, hasta la fecha, tengo ganada su entera y absoluta confianza... porque la confianza de los niños, de los adultos, de los ancianos, de los jóvenes, no se regala: Se entrega y se gana. Válgame el cielo que esta señora debía estar renegría por dentro pues pareciera que estaba deseando pelear. Yo, que ya debería estar de vueltas con 43 años, aún me siguen pillando desprevenida semejantes mamarrachas pues mi ingenuidad innata no me las deja ver venir. Pueden ustedes creerse que aprovechó mi respuesta tranquila para alzarse aún más?. Se adentró en la habitación y a gritos comenzó a echar a Palmita y a la abuela. Palmita lloraba asustada llamándome, la abuela no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Yo, desconcertada, le dije, firme, que saliera inmediatamente de la habitación. En segundos todo se calmó. Le pedí a Palmita con un beso que saliera fuera un momento y aún llorando salió de la manita de su abuela.

Y llegó la ginecóloga y el circo comenzó.

Entró seria, altiva, con esa actitud de la que va mascando algo por dentro y está deseando escupirlo. Iba acompañada de dos chicas jóvenes, no sé si enfermeras o residentes. No me dio tiempo a saberlo.
Y ahora, por un momento, les pido un ejercicio de imaginación...
Imaginen la siguiente situación:
Yo estaba sentada en la cama. La ginecóloga se quedó de pie, frente a mi, los brazos cruzados sobre el pecho, la barbilla alta y la mirada hacia el otro extremo, opuesta a la mía. Un conjunto que mostraba irritabilidad e impaciencia. Una de las dos chicas permaneció de pie su lado. La otra jovencita se sentó a mi izquierda y comenzó a recitarme la primera de las mil preguntas que llevaba listadas en su bloc: "Como te encuentras?", " Tienes algún dolor?".
No dio tiempo a más. De pronto la ginecóloga habló (su tono era alto, enfadado, prepotente, sarcástico, de aquel que lo sabe todo y está a punto de dar una lección) y cual amigas de todo la vida que se encuentran a tomar un café, me soltó:
-" Tú tienes un problema con tu hija!"
Yo me giré hacia ella, más desconcertada si cabe, intentando asimilar situación tan surrealista.
-" Cómo dice?¨ le contesté mientras mi serenidad estaba dando caza a esa bravería que anida en todas las madres cuando alguien habla de sus hijos.
- "Por supuesto que lo tienes! Y a ver cómo lo solucionas." Volvió a repetir acentuando con ira cada una de sus palabra.
Las dos chicas no sabían donde meterse. Por el rabillo del ojo las veía intentando esconder la cabeza, cual avestruz, entre los pliegues de sus cuellos.
Y siguió... (Hay que reconocer que valiente sí que era):
- ¨Tu hija no debería querer estar aquí. Ella debería querer estar en el parque jugando con sus amiguitas o debería querer estar en casa con los abuelos. Y no debería querer estar en un hospital!¨
- ¨Me está usted diciendo que mi hija tiene un problema por querer estar con su madre y su hermana recién nacida?, pero quien le ha pedido a Usted un consejo sobre crianza?¨
- ¨Bueno tú verás, yo te lo digo porque debes saberlo, ahora tú haz lo que te de la gana!¨
Ese "lo que te de la gana" estuvo acompañado con un ademán de manos, como el que se gana la vida espantando moscas. Aún así no dejó de sonar sentencioso y despectivo.
- "Por supuesto que lo haré" le respondí. "Empezando porque esta visita médica acaba de terminar en este mismo momento. Váyase por favor de esta habitación ahora mismo".
Cuando salió de la habitación volvió a gritar a mi hija y a su abuela, porque estaban afuera de la habitación y no al final del pasillo. No lo sabíamos. Simplemente era eso. No conocíamos las normas y habíamos recibido un trato realmente vejatorio.

No me lo pensé. Comencé a recoger las cosas y llamé a mi marido diciéndole que nos íbamos a casa. No habían pasado 24 horas de la cesárea cuando los cuatro entrábamos en nuestro hogar. Y yo no podía dejar de pensar en cada palabra que me había dicho la doctora... Pueden ustedes imaginarse la misma conversación pero cambiando a la persona? Es decir: si en vez de hablar de mi hija hubiera hablado de mi marido hubiera sonado igual?.

Imaginen:
-" Tú tienes un problema con tu marido!"
-" Cómo dice?", ...
- "Por supuesto que lo tienes!! Y a ver como lo solucionas." ... "Tu Marido no debería querer estar aquí. El debería querer estar en el bar tomando una copa con sus amigos o en casa viendo el fútbol. Y no debería querer estar en un hospital"
- ¨Me está usted diciendo que mi marido tiene un problema por querer estar con su mujer y su hija recién nacida?, pero quien le ha pedido a Usted un consejo sobre mi matrimonio?¨
- ¨Bueno tú verás, yo te lo digo porque debes saberlo, ahora tú haz lo que te de la gana!¨

Estamos de acuerdo en que nadie en su sano juicio hubiera opinado así sobre el marido de nadie. Eso está claro. Pero por qué siento que cada vez resulta más fácil cuestionar las decisiones de un niño? Por qué no se considera tamaña intromisión igual de insultante?. El niño tiene el mismo derecho a ser respetado como individuo independiente y como parte de una sociedad y de una familia del mismo modo que se respetan a los otros miembros: hombres, mujeres, ancianos. El niño tiene el mismo derecho a sentir, a querer y a desear y, sobre todo, a que entiendan que sus sentimientos son de las misma calidad que los de un adulto. Sus sentimientos les hacen reír, les hacen llorar, les hacen amar, les hacen odiar, les hacen sentir abandono, les hacen sentirse inútiles, importantes, magníficos, mediocres, héroes y villanos, igual que a Usted y a mi. Pues ser niño no es sinónimo de poder ser vapuleado, de poder ser excluido de la sociedad y de sus decisiones.

Hay mil razonamientos que esta doctora podría haberme dado para justificar su incomodidad de que mi hija estuviera allí presente sin tener que llegar a valorar lo que debería querer estar haciendo o no. Por ejemplo:

- Podría haberme aconsejado, tal y como me refirió una persona de dirección del hospital, que un niño sano no debería estar en un hospital para evitar contagios innecesarios. Y digo siempre que podía haberme aconsejado y no obligado pues no existe protocolo en el hospital público de Algeciras que impida que un niño se quede a dormir con su madre. El riesgo de contagio existe, por supuesto, del mismo modo que existe para la madre sana y para el bebe recién nacido sano. La decisión debe estar en la madre.

Ramón Soler, Psicólogo colegiado y codirector de Mente Libre nos dice:
"El mero hecho de ir a un hospital, ya supone cierto riesgo de contagiarse de alguna bacteria hospitalaria, pero este riesgo también es real para la madre y para el recién nacido, de modo que no me parece un motivo de peso para evitar entrar al hermano mayor y privarle de la compañía de su mamá y de poder asistir al nacimiento de su hermano. Este inconveniente se solucionaría si hubiera casas de parto en edificios separados del hospital. No habría bacterias peligrosas y no se tendría que separar al niño de su madre.¨

- Podría haberme aconsejado que un niño puede molestar a otros pacientes porque "los niños incomodan y son revoltosos", ideología que tristemente está muy de moda últimamente llegando al límite de que se están creando "zonas libres de niños" en restaurantes, aerolíneas, hoteles etc. Yo, a estos energúmenos, les contestaría que igual que hay niños maleducados, hay adultos insoportables. A mi me incomodan los borrachos en un bar, los histéricos en un avión, las despedidas de solteros en los restaurantes con sus gritos y risotadas... Y saben qué?, que me aguanto, pues todos vivimos en sociedad. Vuelvo a la conclusión de antes: si un niño incomoda en un hospital porque está nervioso hay que presuponer que la madre sabrá calmarlo.

Conozco historias concretas de mamás que han ido a dar a luz a hospitales privados de la Costa del Sol y el padre, con sus dos o tres niños, se han quedado a dormir en la misma habitación de la madre incluso montando en la habitación una peqeña tienda de campaña y simulando una acampada con los niños. No les parece fantástico? No piensan ustedes que en realidad debería ser así? Un momento tan maravilloso como la llegada de un nuevo miembro de la familia debería poder estar compartido por toda la familia y no sólo por aquellas que puedan pagar un parto privado, en un hospital privado y con una habitación individual...
... Será que se va a tratar de eso? Que la incomodidad se traduce en cuestión económica?

Y vuelvo a recoger las maravillosas palabras de Ramón Soler:
"El aspecto económico tampoco debería ser un problema, ya que las casas de parto o apoyo al parto en casa, son opciones igual de seguras o, incluso, más que el parto hospitalario. En estos entornos más seguros, los hermanos podrían acompañar a sus mamás sin ningún problema. Además, si tenemos en cuenta que el parto natural, acompañado de manera respetuosa y asistido por matronas debidamente preparadas, presenta muchos menos problemas que el parto hospitalario, se reduciría el número de cesáreas y, por lo tanto, el sistema nacional de salud ahorraría muchos miles de euros. Mi impresión es que, tanto la protección de infecciones como el aspecto económico son meras excusas. La realidad es que ningún profesional de la salud está preparado para trabajar con niños a su alrededor. No comprenden que un parto no es una enfermedad (salvo que haya algún problema diagnosticado previamente) y que no hay ningún motivo para separar a las madres de sus hijos."

Qué sucede entonces con las mamás que tienen hijos pequeños a los que aún ofrecen lactancia materna, mamás que no tienen donde dejarlos, mamás que duermen con sus hijos y éstos nunca han pasado una noche sin ella o mamás que simplemente quieren que sus hijos estén con ellas en momento tan importante?

Es cierto que algunas mamás están agotadas tras el parto o la cesárea y son ellas mismas las que piden descansar y que los niños se queden con algún familiar si lo tienen, pero creo firmemente que la decisión de que los hijos pernocten con ella o no, debe estar en la madre.

Y para contestar a ésto concluyo con las palabras de Ramón Soler:
"Si la mamá está cansada, entiendo que será lo suficientemente madura como para decírselo a su pareja o a sus familiares para que ellos puedan cuidar al niño mientras ella descansa. Evitar que las madres tomen estas decisiones es ningunearlas e infantilizarlas. La madre no es una enferma ni tiene mermadas sus facultades mentales; puede tomar este tipo de decisiones perfectamente. Por otro lado, si los padres considerasen que el niño no debe ir al hospital, por cualquier motivo, ellos son los que deberían tomar la decisión. Los médicos no deberían decidir a priori lo que es mejor para las familias."

Yo no permití que nadie decidiera a priori qué era lo mejor para mi familia y cada día que pasa, al ver el amor de mis hijas, sé que hice lo correcto.

Evita Rey


viernes, 25 de octubre de 2013

La Familia y el Ingreso Hospitalario. Parte 1.

Mi pequeña Gabriela nació por cesárea recomendada hace apenas dos meses.
Recomendada por mi marido, recomendada por mi suegro (sí, dos médicos rondando en
la familia) y recomendada por el médico que me controlaba el embarazo. Y aunque yo en
la última semana del embarazo andaba cual canguro nervioso, (a saltitos escondida por la
casa y empujando muebles con la parte más baja de la espalda), no hubo forma de poder
adelantar un parto natural a la fecha programada de la cesárea. Honra decir que una vez
en quirófano pude comprobar que los profesionales tenían razón y, en mi caso, un parto
natural hubiera sido peligroso para ambas.

Pedí que me suministraran una anestesia buena, bonita y cortita. Buena: de esas que no
te enteras de cuando te están rajando; bonita: de esas que no te enteras cuando están
metiendo semejante aguja en la espalda, y cortita: de esas que duran poco más que la
salida del quirófano pues yo, más valiente que nadie, quería estar de pie lo antes posible
para poder atender como siempre a mis dos niñas: mi bebe recién nacida y mi princesa
Palmita, a la que le quedaba ya poquito para cumplir los cinco años.

Y así fue, de tal forma que cuando me puse a llorar en la camilla de quirófano, con los
brazos atados y mis partes bajas al aire, no se trató de que me doliera nada, qué va, -el
anestesista fue magnífico haciendo su trabajo- fue tan sólo la tontería de verme de
semejante guisa únicamente por haberme embarazado. Y la tontería de haber dejado a
una niña en casa, esperándome, y a la que llevaba preparando durante un mes, noche a
noche, contándole antes de irnos a dormir, paso a paso, todo lo que iba a ocurrir la
mañana que naciera su hermanita..."nos levantaremos juntas y desayunaremos, vendrá la
abuelita a jugar contigo y te sello con un beso mi promesa, de mamá, que cuando nazca
la bebita te llamaré para que vengas a conocerla... serás la primera... y te subirás en el
coche del yayo, detrás y con el cinturón abrochado, y la yaya se sentará a tu lado. Y
llegarás al hospital y papá, Gabriela y mamá te estaremos esperando". Y ella se despidió
ese día de mí con la mueca de un puchero y un abrazo, de esos que se sienten tan
adentro que te rajan el alma. Pero no llegó a llorar. Yo me despedí de ella con otro abrazo,
pero tras que le di la espalda no pude evitar pensar, con los ojos bañados de lágrimas,
qué pasaría si algo saliera mal. Cuán diferente es todo cuando tienes a estos locos bajitos
en casa, esperando: esperando para su cuento mientras los acurrucas en la cama,
esperando para que el simple roce de tu mano les calme el dolor de barriguita, esperando
para coger su mano cuando una habitación se queda a oscuras y para soltarla cuando
practica sin ruedines en su súper bicicleta. Esperando tu infinita paciencia en cada uno de
sus enfados, esperando que veles sus noches cuando está enfermita, esperando, siempre
esperando, a su mamá a su lado... "Mamá, tú siempre estarás a mi lado?" "Si mi vida,
siempre" " y aunque pasen muchos muchos años y yo sea mayor, tú siempre estarás a mi
lado..?" La miré a los ojos mientras temblaba por dentro "escúchame bien cariño, tu mamá,
pase lo que pase y pase el tiempo que pase, siempre estará a tu lado, mirándote,
cuidándote y acompañándote, nunca lo olvides..."

Y yo lloraba sin poder parar en esa camilla de quirófano cuando la mano de una
enfermera cogió la mía y susurrándome al oído me dijo: llora, llora todo lo que quieras,
éste es tu momento...desata toda tu emoción y llora"... Porque fui tan afortunada que
quien me cogió la mano no era sólo una profesional de conocimientos, sino también de
corazón.

Y nació mi princesa Gabriela y la calma por fin llegó. Aún sin lavar la puse en mi pecho, la
abracé, la acurruqué y sonreí para desde entonces no poder parar de hacerlo.
Salía de quirófano a las cinco de la tarde camino a la habitación cuando recordé que me
tenían sin comer desde la mañana. Hambrienta y desesperada le dije a mi marido: "ahora
mismo me vas a traer un bocadillo de tortilla". Y Virgen Santa que me lo comí. Jamás
sentí más rico un pan tan crujiente y calentito ni tan sabrosa una tortilla de patatas y es
que acabábamos de comenzar nuestra gran carrera de saltos de recomendaciones y
protocolos.

Cumplí mi promesa y la vida me brindó el momento de poder ver la cara de Palmita
cuando conoció por primera vez a su hermanita. Son momentos tan mágicos que carecen
de descripción: ese brillo en su mirada, esa boca medio abierta, esa emoción en sus
manos. "Mamá, ésta es mi hermana Gabriela?". "Si cariño, es tu hermana". "Y ya para
siempre va a quedarse a vivir en nuestra casa?" "Si princesa, ya siempre estará con
nosotros". Le cogió la manita y pude sentir cómo se crea la magia de la protección.
No preguntamos a nadie, pero yo no dudé en momento alguno en traerme junto a la
maletita de la bebé, otra para Palmita. Traía su pijamita, su conejito favorito para dormir,
algunos libros de dinosaurios para pintar y muchos lápices de colores.

En lo que restó de tarde no vivimos ningún momento ni de aburrimiento ni de niños
nerviosos atrapados entre cuatro paredes... no dio tiempo a nada de eso. Palmita
disfrutaba viendo cambiar los pañales a la bebé, mirándola cuando se despertaba,
acurrucándose conmigo en la cama cuando la bebé tomaba el pecho, pintando a ratos, a
ratos escuchando cuentos. La televisión? Ni siquiera supimos donde estaba.

Si venían las enfermeras ella se ponía detrás de las cortinas, tranquila, para no molestar
el trabajo de quien no quería ser molestado. Pero no pude tener más suerte que ser
atendida y ayudada por unas enfermeras maravillosas, respetuosas y comprensivas.
Y llegó la noche y nos acomodamos así: yo en un ladito de la cama, el más cercano a la
pared, con mi suero y mi bomba baxter puesta. Palmita en el otro ladito, bien pegadita a
mi, ya no porque no cabíamos de otra forma sino porque así duerme cada noche,
conmigo. Levantamos la barrera de la cama para que no se cayera pues la postura en la
que estábamos era en la única en la que podíamos dormir: no había forma de girarse, no
había más cama. Y pegada a esa barrera pusimos la cunita con la bebita. Mi marido se
recostó en el sillón que tiene toda habitación y que todos ya, de una forma u otra,
conocemos.

Y todos se durmieron...

... Y yo comencé a acordarme de maldita la hora en que pedí aquella anestesia cortita. Os
puedo afirmar que ya no me quedaba ni gota en el cuerpo. Me dolía hasta respirar. Era
como si me abrieran las entrañas, como si me separaran las costillas a cada momento.
No lo quiero ni pensar! Sólo sabía mirar la bomba Baxter: bombita baxter, bombita bonita,
anda echa más gotitas... Y la miraba y miraba fijamente y os juro por lo más grande que
no se movía. Llamaba a mi marido: "cariño, ese cacharro funciona?". "Claro que funciona,
te lo he puesto yo". Al rato: "maridito querido, tú estás completamente seguro que eso no
está atascado?, es que me duele un poquito y no veo que caiga nada..." Se levantaba, le
daba unos golpecitos, comprobaba la válvula... "Si mami, funciona perfectamente". Y se
volvía a dormir. Y yo seguía aguantando la respiración, concentrándome en mirar las
gotas y deletreando el nombre de bombabaxter bombabaxter pórtate bien. Y según el
humor y el umbral de la mala leche me movía variante entre el "bombita guapa no seas
tacaña" y todas las maldiciones conocidas e innombrables...

Y a las cuatro y media de la mañana, casi morada de no respirar, con una mijita de dolor
insoportable y a punto de darle un tirón a la bomba baxter y tirarla por la ventana, mi
marido entendió. Procedió entonces a pincharme en la barriga una dolantina... Ay! Santa
sea!

(La historia continua el próximo viernes. Os espero hasta entonces)

Evita Rey
Los Cuentos de Palmita

viernes, 30 de agosto de 2013

Cómo encontrar el equilibrio entre familia y trabajo si eres mamá emprendedora


"Emprendedora", así me defino y así me clasifica el vocabulario relativo al mundo laboral. Sabiendo que comenzaba una nueva aventura llena de desafíos he desarrollado una labor profesional que depende por completo de mis decisiones, conocimientos, herramientas, organización, horario... Pretender que eso no tenga efecto sobre mí o mi familia es imposible y en este camino también he avanzado en el manejo de mis emociones y de las relaciones con los demás.

¿Tú también estás en el grupo de mujeres con un negocio propio, que trata de conciliar ese trabajo con el cuidado de sus hijos? ¿En el grupo de mujeres que quiere dar salida a su talentos y además pasar más tiempo con su familia? Entonces sigue leyendo, te cuento tips que para mí son fundamentales para equilibrar ambas facetas:

  1. Tu casa es tu oficina: puede que con anterioridad hayas trabajado fuera de casa, y que al comenzar un negocio desde tu hogar tiendas a buscar un espacio "laboral" en el que ubicarte; sin embargo, trabajar desde casa teniendo hijos no se parece en nada a lo que hayas hecho en otros empleos. Ahora el espacio que compartes con tus hijos (y pareja si la tienes) es también el espacio del resto de la familia -incluso aunque tengas un despacho en casa-. Establecer límites claros y ser flexible al tiempo te ahorrará muchos quebraderos de cabeza por interrupciones, peticiones de ayuda y falta  de independencia.
  2. La organización lo es todo: emprender desde casa parece ser la panacea para equilibrar tu vida profesional y familia, pero si no te organizas bien entrarás en barrena en el caos y la frustración. Conciliar las tareas de tu negocio y el ritmo de tus hijos y el tuyo require que te plantees bien los tiempos, los apoyos de que dispones y la búsqueda de herramientas que lo faciliten.
  3. Tu desarrollo profesional es parte de ti y de tu estado de ánimo: has comenzado con ilusión y energía un nuevo proyecto, y vas dando pasos aunque en ocasiones no todo avanza como deseas, eso es parte de ti y modela tus emociones, y en muchas ocasiones no tienes tiempo para asumirlas porque enseguida tienes que acompañar una rabieta de tu hijo o preparar la merienda. Ser consciente de esto te ahorrará el rechazo hacia tus hijos cuando interrumpen tu actividad o estás inmersa en un proceso emocionalmente difícil debido a tu negocio.
  4. Los errores no te definen: cuando te equivocas o el negocio no marcha como esperas tiendes a identificarte con ellos y te sientes poco capaz o incluso totalmente incapaz. Es el momento de recordar una actitud vital fundamental: los errores forman parte del aprendizaje y no dicen quién eres, solo te revelan que puedes cambiar de estrategia y seguir creciendo. Tanto si es en la crianza de tus hijos como en tu proyecto profesional hay oportunidades para mejorar, recuérdalo cuando estés desanimada.
  5. Toma conciencia de tu momento del momento que viven tus hijos: para que sepas de cuánto tiempo dispones para iniciar y llevar adelante el proyecto. Eso evitará remordimientos y sufrimiento por no poder llevar adelante completamente ninguna de las dos cosas.
  6. Cada cosa tiene sus tiempos: cuando estés con tu familia hazlo al 100%. Estar jugando con tus hijos pendiente del smartphone te impide disfrutar, tus hijos perciben perfectamente que no "estás" con ellos y tenderás a sentirte culpable y estresarte.
  7. Pedir ayuda no desmerece a nadie: sigue siendo la piedra de toque de muchas madres, que además de vivir la maternidad quieren emprender, están felices por ello, y desean llegar a todo. Es imposible estirar las horas del día así que si necesitas colaboración búscala, recuerda que tanto para el hogar como para tu emprendimiento existen redes de mujeres y profesionales en los que apoyarte.
Ser madre emprendedora es una ocasión para conocer todas las fortalezas con las que cuentas, la energía inmensa, la creatividad y la fuerza que te inspira tu familia. Pararte a repensar las estrategias y adquirir madurez para disfrutar y crecer es fundamental para el auténtico éxito.

Mª Pilar Gómez San Miguel
CrianzaenFamilia.com

sábado, 22 de junio de 2013

Vampiros energéticos de la educación


Reconozco que es un tema tabú porque supuestamente todo lo que les enseñamos a los niños y lo que nos aconsejan los expertos es bueno y constructivo, pero hoy en día sabemos que muchas de estas obligaciones o recomendaciones son inútiles o ineficientes o directamente dañinas; por este motivo utilizo los términos del título. 

¿Cuales son?

1. Deberes - una cosa es comprobar con los niños qué han aprendido y otra cansarlos con ejercicios repetitivos: recientemente saltó a la palestra una noticia acerca de un padre que había logrado que un colegio deje de poner deberes (http://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2013/05/29/padre-logra-colegio-oleiros-deje-poner-deberes/0003_201305G29P6994.htm) Lo interesante es la reacción de otros padres y los comentarios del artículo.

2. Personas que dicen lo que hay que hacer - los familiares y amigos que te dan consejos acerca de cómo y qué debe aprender tu hijo.

3. Presiones sociales - tradiciones obsoletas - no se puede dejar jugar al niño porque "pierde el tiempo"/ el niño debe estudiar, no jugar.
Creencias equivocadas - si le hablas de temas de adultos no le dejas vivir su infancia/ los niños deben estar con niños/ no hay que darles responsabilidades por si no pueden con ellas o porque son niños y no deben cargar con ellas.

Todas estas situaciones llegan a ser estresantes o para los niños o bien para los padres y hacen que se gaste mucha energía por parte de ambos.

¿Qué hacer? 

Primero, reconocer la situación como estresante o dañina. 
Segundo, no asustarse, sino buscar una solución según la particularidad de cada caso: 
- dar menos deberes y asegurarse del nivel de comprensión del alumno - a veces no son necesarios tantos deberes si el niño ha entendido todo - es más trabajo quizá, pero vale la pena.
- no perder la calma ante los típicos consejos de los familiares, agradecerlos y procurar hacerles entender que los responsables de la educación son los padres/tutores legales; si insisten, o bien se les explican las razones por las cuales no se siguen sus consejos, o se viene en contacto directo menos frecuentemente.
- preguntarse seriamente si las tradiciones y las creencias imperantes son de actualidad y, sobre todo, si se adecúan a la personalidad del niño, a su manera de ser; hay que ser sincero consigo mismo y reflexionar si estas creencias son de verdad de ayuda para el desarrollo del niño, si le van a guiar a lo largo de la vida teniendo en cuenta que, cuando él sea adulto, la vida será distinta, sus propios pensamientos tendrán otros cauces y él mismo otra manera de producirse. 

Y, sobre todo, dejarse guiar por las propias necesidades y criterios como familia, no hay familias iguales, y todos somos diferentes y tenemos el derecho a decidir nosotros mismos sobre nuestras acciones y, por mucho que amemos a nuestros familiares, nosotros somos los responsables de nuestras vidas y de la de nuestros hijos y lo natural es que la decisión final sea nuestra y sea respetada. 

viernes, 12 de abril de 2013

¿Crees que sabes cómo es tu hijo? Descubre el poder de las etiquetas



El mes pasado estuve en clase de mi hija mayor y en tres cuartos de hora con los niños pude palpar claramente que muchos niños tenían ya una etiqueta, conforme a la cual se comportaban ante sus compañeros: estaban los tranquilos y callados (a los que nadie molesta), los tímidos (los que se ponen colorados en cuanto un adulto pronuncia su nombre), los graciosos (que reciben las risas de sus compañeros aunque aporten ideas buenas y originales), los inquietos (que desconectan a los diez segundos de llegar a la clase y que son llamados al orden cada poco tiempo por sus maestros)...

El origen de las etiquetas que los adultos ponemos a los niños es variado, pero el beneficio que reciben de estas etiquetas es nulo; es más, el perjuicio puede ser temporal o para toda la vida. En ocasiones nos molesta su actitud o conducta y calificamos al niño en lugar de corregir la conducta o acompañarlo. Otras veces la conducta del niño es aparentemente positiva pero igualmente lo encierra en la cárcel de lo que todo el mundo espera de él.

Algunas etiquetas son evidentes: aquellas que califican con una palabra al niño, tonto, malo, listo, guapo, ... Otras son más sutiles y las emitimos sin apenas percibirlo: "Es una niña muy tranquila", "Pero mira que eres pesado", "¿Ya estás mintiendo otra vez?". Si observamos con detenimiento a un niño que recibe una de estas frases podremos darnos cuenta de cómo pierden casi automáticamente su actitud natural. Y si las ocasiones en las que el niño "merece" estos calificativos aumentan no es porque nosotros teníamos razón, sino porque necesita sentirse aceptado, tanto si es de forma positiva como negativa, así que empezará a comportarse tal como nosotros lo vemos.

Resulta que, tal como he comprobado en mi trabajo como docente, y acompañando a mis hijos en su crecimiento, es posible desmontar esas etiquetas y hacer que los niños se sientan libres para ser y hacer lo que necesitan en cada momento, que se superen por encima de las expectativas de los demás y de las suyas, y que se atrevan a probar cosas nuevas:
  • dejando de usar ciertas palabras concretas que cada niño ha escuchado muchas veces sobre él, sin calificar cada cosa que hace o deja de hacer
  • proponiendole actividades y colaboracion, olvidando lo que solemos esperar de el, dispuestos a dejarnos sorprender
  • rompiendo cliches mentales y dejando las clasificaciones de "bueno" y "malo" para todo lo que hacen los niños
Este trato que les damos a través de las etiquetas es injusto. En primer lugar porque son personas en formación y crecimiento que aún no tienen definido su carácter; y en segundo lugar, porque si somos honestos nos daremos cuenta que en ocasiones se "comporta" tal como nosotros lo hemos calificado, pero en muchos otros momentos no. Y en tercer lugar porque calificar a un niño es tener una visión muy pobre de lo que vale como persona, ya que su potencial, temperamento, actitudes, no se pueden definir con una sola palabra.

Mª Pilar Gómez, Conviviendo en Positivo
Mª Pilar Gómez es maestra, mediadora familiar y social, y está el frente de Crianza En Familia

martes, 26 de febrero de 2013

Beatriz Hervás: autora de "Un Hogar Saludable".

Os presento a Beatriz Hervás, madre de dos hijos de 6 y 3 años, psicóloga y autora del blog www.CriarConAmor.com. Desde su blog pretende ayudar a familias a disfrutar la convivencia familiar de forma respetuosa y con amor. Una convivencia familiar no exenta de conflictos pero sí llevados éstos de forma armónica con las herramientas adecuadas.

¿Cómo surgió la idea del blog Beatriz?

Con mi hijo pequeño tuve la oportunidad de compartir nuestras vivencias con un grupo de crianza durante dos años. Fue una experiencia tan gratificante, descubrí el poder de los grupos de madres/padres, la importancia del acompañamiento amoroso a nuestro hijos, el valor de la comunicación entre la familia,...
Pensé en reproducir éste apoyo y descubrimiento de forma virtual.

He querido dar éste apoyo que todos los padres necesitamos en la crianza de nuestros hijos de forma virtual. De manera cómoda, desde tu casa, acompañando a tus hijos, puedo ayudarte a realizar una crianza consciente y satisfactoria.

¿A quién va dirigido tu blog y los servicios que ofreces?

En el blog puedes encontrar artículos relevantes, eventos, información interesante, ebooks, coaching para padres,..., todo dirigido a ayudar a tener una experiencia de crianza consciente, respetuosa y amorosa con nuestros hijos.

Va dirigido a aquellas familias que desean disfrutar juntos, a descubrir, a aprender en familia.

¿Acabas de publicar un libro: Un Hogar Saludable, háblame del libro?

Un Hogar Saludable surge con ésta premisa básica: Un hogar ordenado, limpio, organizado, lo más saludable posible, es fuente de satisfacción y supone el ambiente ideal para que surjan cosas positivas. Un hogar desorganizado es un gran estresante, crea caos físico y mental, no es la situación ideal para disfrutar en familia.

Al tener un hogar organizado (limpieza, comidas, lista de la compra), vas a disponer de más tiempo para realizar otras tareas que redunden en beneficio de la familia, más tiempo con los hijos, más tiempo libre, o simplemente para hacer nada.

En el libro se puede encontrar también cómo podemos vivir sin productos químicos de forma muy sencilla.

Hay un apartado para intentar equilibrar la economía doméstica.

¿Cómo te organizas como madre multitarea?

Las claves fundamentales están descritas en mi libro "Un Hogar Saludable", organizar el tiempo y los espacios de los que disponemos para poder llegar a todo

Como explico en el libro, en casa tenemos una organización: de la casa, de la limpieza, comidas, lista de la compra,...
Son una serie de rutinas que forman parte de nuestra vida y que nos la facilitan. Dos muy sencillas: antes de acostarnos tenemos 15 minutos de orden en la casa y dejamos preparada la ropa del día siguiente.

Yo trabajo con reducción de jornada, y respecto al trabajo del blog, también mucha organización, centrarme en el proyecto que tengo en ese momento y poner un tiempo específico a cada cosa. Y luego lo hago con tanta pasión, me encanta, que a pesar del cansancio, en muchas ocasiones, para mí es una fuente de aprendizaje y disfrute.

También establezco prioridades, para mí mis hijos son lo más importante en éste momento, y todo va enfocado a ellos.
Si quieres saber más sobre el Ebook “Un Hogar Saludable” pincha sobre la foto.
 
 
Azucena Caballero.
 

sábado, 9 de febrero de 2013

Cómo educar a hijos y disfrutar con ello



Hace unos meses escuché a un psicólogo hablar sobre la felicidad en la vida de las personas. Dividía la existencia en etapas y curiosamente las investigaciones revelaban, según él, que el período de "menos felicidad" es el comprendido entre el nacimiento del primer hijo y la emancipación del último.

Me llamó la atención, porque además las explicaciones eran teóricamente plausibles: las precoupaciones que causa la educación de los hijos quita horas de descanso, tranquilidad, y trae muchos quebraderos de cabeza y dedicación sin límites. De ahí que los adultos en la etapa entre los 30 y los 50 años aproximadamente manifestaran en dicho estudio que era la etapa menos feliz de su vida.

Yo estuve meditando sobre esto y viendo cuál es mi experiencia. Porque es cierto que mi maternidad está siendo un esfuerzo a muchos niveles: físico, emocional, psicológico, aprendizaje de nuevas destrezas, proyectos... Esto supone cambios importantes porque me saca de mi "zona de confort" y me pone en situación de avanzar y renovarme, especialmente en lo relativo a la relación con mis hijas, a mi forma de reaccionar, de expresar emociones, de tener en cuenta sus necesidades, gustos, a darles lugar en la familia para participar y ser responsables. Sobre todo está revelándome con gran claridad cuáles son mis límites y necesidades y también mis inmensas capacidades.

No puedo decir si en el futuro seré más o menos feliz que ahora, sólo sé que con un poco de información, consciencia y honestidad tú también puedes disfrutar de la crianza de tus hijos. Para eso preparé el ebook que ves en la imagen, para que cambies las ideas preconcebidas que tienes -o que te transmitieron en tu infancia y actualmente quienes te rodean-, que convierten las dificultades de las relaciones familiares en sospechas sobre las intenciones de tus hijos, o incluso en enfrentamientos directos porque interpretas su conducta a partir de ideas preconcebidas y no de lo que ellos te están diciendo claramente cada día. Cosas como que

  • las rabietas ocurren a muchos niños y son una forma de desafiarte o tomarte el pelo, en vez de entender que es una expresión descontrolada de sus emociones porque no tienen capacidad aún para expresarlas de otro modo
  • los límites se "imponen" a los niños para que sepan hasta dónde pueden llegar, en lugar de que tú pongas tus límites personales
  • es preferible hacer callar a un niño y que no llore, cuando la tristeza es una emoción que podemos escuchar siempre
  • los niños deben comerse todo lo del plato y lo que les pongamos, en lugar de romper los esquemas mentales con los que crecimos sobre alimentación y fijarnos más en su bienestar y confiar en ellos
  • los bebés se "acostumbran" a estar en brazos y por eso hay que racionar el tiempo que pasan sobre nosotros, en vez de fiarnos de nuestra intuición y de la necesidad que tienen de contacto físico y que nos transmiten constantemente
Curiosamente y pese a todas las señales que nos van enviando los pequeños, convertimos la convivencia diaria con ellos en un conflicto a veces interminable, en lugar de disfrutar de sus descubrimientos, de su intuición, de su imaginación desbordante. Por eso me alegro de que hayas llegado hasta aquí. Porque una crianza respetuosa nos acerca a los adultos a nuestra verdadera esencia como personas y nos permite recuperarnos de viejas heridas, haciéndonos más felices como familias y educadores.

Te invito a pasar por Crianza En Familia para suscribierte y recibir el ebook ¡CÓMO SON LOS NIÑOS! de regalo, sólo hasta el próximo lunes 11 de febrero. Entrarás en el grupo de lectores de Crianza En Familia y recibirás un boletín semanal con tips sobre los niños y la escuela, la organización familiar, cómo resolver conflictos...


 "Pilar ha hecho un repaso conciso y útil de 6 cuestiones que nos preocupan a todos los padres. Explica los conceptos teóricos con claridad y propone estrategias prácticas y fáciles de seguir para poder resolver cada tema. La verdad, en este mundo de sobre-información, en el que resulta cada vez más complicado encontrar lo que una busca sin perder el tiempo en leer cosas que al final no te ayudan, es un alivio disponer de un texto que define la teoría y propone la práctica de forma tan asequible". 
Ana Mª Valenzuela Lamas

Un abrazo y feliz crianza,
Mª Pilar G. San Miguel, tu asesora para la crianza y las relaciones familiares

viernes, 25 de enero de 2013

Organízate y consigue tiempo para ti, tu casa y tus hijos




Si de algo estamos seguros los padres de familia es que de que nos falta tiempo: tiempo para jugar, tiempo para limpiar, tiempo para leer, tiempo para proyectos, tiempo para no hacer nada… Y también somos conscientes de que nuestros hijos necesitan nuestro tiempo: necesitan que estemos con ellos, no sólo en la misma vivienda o en la misma habitación, sino que les dediquemos atención y compartamos con ellos actividades, lecturas, comidas, juegos.

Pero tenemos tantas cosas que hacer que no siempre somos capaces de encontrar esos momentos largos, sin otra cosa que hacer que estar con ellos. Cuando conseguimos sentarnos nos levantamos cada cinco minutos: a retirar la comida del fuego, a contestar el teléfono, a sacar la ropa de la lavadora, a ordenar unos libros que están tirados por el suelo.

Cuando eres consciente de esta locura en la que te encuentras, en la que no tienes tiempo para la casa y para ti porque tus hijos te necesitan, pero tampoco tienes tiempo para tus hijos porque tienes muchas obligaciones que atender… entonces ha llegado el momento de hacer cambios importantes.

Estos son los pasos a seguir:

  • Analiza sinceramente para qué mantienes ese caos: ¿para no aceptar que eres limitado y necesitas organizarte porque no llegas a todo? ¿para escapar de los niños de cuando en cuando? ¿para sentirte ocupada? ¿para evitar ponerte a programar, una tarea que te desagrada?
  • Mira bien en un rato de calma y soledad cuáles son las consecuencias de esa actitud: conflictos con los niños,culpabilidad, insatisfacción, tareas por hacer a las que no llegas, frustración autoimpuesta
  • Asume que no has hecho lo que te propusiste, por los motivos que hayas tenido
  • Deja de culpar a otros: a las circunstancias, a los niños, a tu pareja
  • Responde a la cuestión fundamental: ¿qué consigues manteniendo ese desorden? ¿te sientes bien así?

Si la respuesta a esta última pregunta es NO y quieres hacer cambios YA (si lo dejas para cuando tengas tiempo probablemente… no encontrarás tiempo):

  • Planifica con una agenda las cosas de casa (hay opciones excelentes, como esta agenda de organización del hogar)
  • Reserva tiempo para las tareas del hogar cuando los niños no estén o bien cuando estén ocupados y se entretengan solos
  • Usa una bandolera si tienes un bebé y, sobre todo, si tienes un bebé y un hermano o hermanos más mayores
  • Involúcralos en las tareas
  • Prepara actividades para hacer juntos o para que hagan ellos, en función de sus gustos y habilidades y de su edad
  • Reserva un tiempo largo cada día para estar con ellos –sin hacer nada más-

Estas son sólo unas ideas, seguro que si te paras a pensarlo y planificarlo bien, encuentras el modo, propio para ti, tu familia y circunstancias, de tener al día las tareas más importantes. Sobre todo encuentras el valor para estar con los 5 sentidos con los niños: te aseguro que es fuente de paz y alegría para ellos y para ti.

Mª Pilar Gómez San Miguel, madre, maestra y asesora familiar